El muerto y el degollado

Leyendo el diario Clarín de hoy, me encuentro con la carta de un lector que se asombra de las condiciones de vida en la Argentina.

Juan Gómez Povina vive en Miami, Estados Unidos de Norteamérica.

Opina desde lejos y mal

Así se vio la carta en el diario:

y aquí la carta online.

Quisiera responderle haciendo una referencia al título de este post.

Este es un claro caso en el que el muerto se ríe del degollado.

Se asombra de la poca moral que hay en la Argentina. Se espanta de que se le tiren piedras a la policía. Y remata su asombro hablando de derechos humanos.

Cuando alguien pierde el contacto con lo cotidiano, suele ser catalogado en este país de vivir en un frasquito.

Por lo menos a través del vidrio algo se puede ver. Este muchacho vive en una lata de duraznos y para más, enterrada.

¿No se dio cuenta en qué país vive él?

Le voy a dar unas pistas para que vaya dándose una idea:
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Por un futuro mejor

Ayer fui a la marcha convocada por CTERA, CTA y ATE en repudio al asesinato del profesor Carlos Fuentealba.

Miles de personas manifestaron su indignación por la muerte de un profesor que en una protesta salarial en la provincia de Neuquén fue asesinado cuando a través de la luneta del automóvil en que viajaba, una granada de gases lacrimógenos disparada desde muy cerca le dio en la cabeza.

No voy a referirme aquí al asesinato, que ya bastante difusión tiene, sino a otro aspecto.

La protesta social, no está cargada de política partidaria.

Éso se ve en la heterogeneidad de los que participan de las marchas y en el hecho de que son protestas pacíficas.

Al acercarme al lugar del acto, me tocó pasar por donde estaban los partidos de izquierda. Por ser el acto en una zona céntrica, las calles están llenas de negocios; casi todos parcialmente cerrados.

Por donde estaban los convocados por las agrupaciones de trabajadores no alineadas a ningún partido político, los negocios seguían abiertos.

Estuve al pie del palco y luego me corrí unos metros hacia la mitad de la manzana, y me llamó la atención un quiosquito que tenía sus exhibidores que llegaban hasta la vereda misma, repletos de golosinas.

Era muy difícil desplazarse, pero la gente se acercaba para comprar gaseosas, cigarrillos, golosinas.

Nadie parecía tener en mente la idea de que era sencillo hurtar algún chocolatín, pastillas, o lo que fuera.

¿Y por qué alguien tendría que estar pensando en éso?
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Sobre la discriminación

En más de una oportunidad obtuve material para un post de las “charlas” en el foro de Axxón.

En este caso, derivado de una discusión sobre el tema de O.V.N.I.s (platos voladores, bah), surge una reflexión que desde los primeros párrafos me atrapó.

Quiero compartirlo porque creo que vale no sólo por lo que dice, sino porque lo hace de un modo sencillo, claro, conciso y abiertamente frontal.

Gracias Mirta por permitirme que lo pusiera en mi sitio.

Reflexiones sobre lo distinto

Mirta Cristina Rodríguez

Ciertamente es en la más temprana edad que nos conectamos con lo distinto

Los largos brazos de mamá cuando nos contiene o nos conduce hasta el sueño al ritmo ancestral de una nana, una canción de cuna repetida desde el tiempo donde la memoria dormita también; las piernas de papá, que testimonian su altura –tan alta ella- cuando nos alza para girarnos en el aire, convirtiéndonos en aspas de un molino imaginario, o cuando nos salva de la ola que se acerca al galope para engullirnos y él con un solo gesto diestro nos eleva por encima de ella y nos hace sentir invencibles, como gigantes en un país de rulos panzones de agua salada.

Primeras aproximaciones a lo distinto que saben bien, que saben a seguridad

Unos pininos más y llega la escuela, las maestras, los compañeritos.

Todo eso tan diferente a casa-cuarto-papá y mamá.

El segundo corte del cordón umbilical es mayormente doloroso, necesita de acercamientos escalonados, de entrenamiento sutil y de una urgencia de creatividad para mamá que debe esconder las lágrimas cuando soltamos las nuestras porque “nos abandona” en ese nuevo reducto para nuestra cotidianeidad.

Jardín de infantes, jardín maternal, preescolar, son los nombres de lo distinto para este tiempo

Hartos de llenarnos de acuarelas los delantales, la ropa debajo y las zapatillas, descubrimos que en los próximos salones que nos verán metidos en algo tan difícil como sumar y restar, desdeñar ceros cuando van a la izquierda, ir dejando el lápiz que era fácil de borrar cuando nos equivocábamos, enlazar letras con sentido, agregar palabras día a día , lo distinto aparece en compañeritos que usan lentes porque no ven bien, que son gorditos y no pueden correr como los demás, que son de piel oscura o pecosos o colorados o blancos tiza, que usan artefactos para caminar o tienen alambres en los dientes.

Aprendemos: lo distinto es discriminado.
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