Sobre la discriminación

En más de una oportunidad obtuve material para un post de las “charlas” en el foro de Axxón.

En este caso, derivado de una discusión sobre el tema de O.V.N.I.s (platos voladores, bah), surge una reflexión que desde los primeros párrafos me atrapó.

Quiero compartirlo porque creo que vale no sólo por lo que dice, sino porque lo hace de un modo sencillo, claro, conciso y abiertamente frontal.

Gracias Mirta por permitirme que lo pusiera en mi sitio.

Reflexiones sobre lo distinto

Mirta Cristina Rodríguez

Ciertamente es en la más temprana edad que nos conectamos con lo distinto

Los largos brazos de mamá cuando nos contiene o nos conduce hasta el sueño al ritmo ancestral de una nana, una canción de cuna repetida desde el tiempo donde la memoria dormita también; las piernas de papá, que testimonian su altura –tan alta ella- cuando nos alza para girarnos en el aire, convirtiéndonos en aspas de un molino imaginario, o cuando nos salva de la ola que se acerca al galope para engullirnos y él con un solo gesto diestro nos eleva por encima de ella y nos hace sentir invencibles, como gigantes en un país de rulos panzones de agua salada.

Primeras aproximaciones a lo distinto que saben bien, que saben a seguridad

Unos pininos más y llega la escuela, las maestras, los compañeritos.

Todo eso tan diferente a casa-cuarto-papá y mamá.

El segundo corte del cordón umbilical es mayormente doloroso, necesita de acercamientos escalonados, de entrenamiento sutil y de una urgencia de creatividad para mamá que debe esconder las lágrimas cuando soltamos las nuestras porque “nos abandona” en ese nuevo reducto para nuestra cotidianeidad.

Jardín de infantes, jardín maternal, preescolar, son los nombres de lo distinto para este tiempo

Hartos de llenarnos de acuarelas los delantales, la ropa debajo y las zapatillas, descubrimos que en los próximos salones que nos verán metidos en algo tan difícil como sumar y restar, desdeñar ceros cuando van a la izquierda, ir dejando el lápiz que era fácil de borrar cuando nos equivocábamos, enlazar letras con sentido, agregar palabras día a día , lo distinto aparece en compañeritos que usan lentes porque no ven bien, que son gorditos y no pueden correr como los demás, que son de piel oscura o pecosos o colorados o blancos tiza, que usan artefactos para caminar o tienen alambres en los dientes.

Aprendemos: lo distinto es discriminado.

Los chicos son crueles de tan sinceros y auténticos, dicen la verdad, actúan la verdad, respiran verdad por más injusta que ella sea.

Esa dicotomía verdad – justicia deja su impronta y………..ya jamás abandonará el escenario.

Estamos ahora en el colegio secundario, en la antesala de la revolución hormonal, del adolescer.

El período donde todo parece faltar, donde la inseguridad establece su imperio, tan abundante en llantos inexplicables y momentos de euforia, de estallidos temperamentales y demasiada incontinencia.

Rebeldes sin causa o con ella, pero rebeldes en su prístina expresión, su más pura esencia de catarsis generacional.

Los nombres y los apellidos son objeto de mofa, el credo minoritario también, las costumbres familiares siguen la misma suerte si es que se tuvo la desgracia de nacer en una gens diferente.

Y pensar que gentilicio da lugar a gentil !. Paradojas de la vida.

Se selecciona excluyendo lo distinto

Se marca, se estigmatiza, se separa, se aparta.

Lo distinto sigue siendo fuente de sufrimientos, de intolerancia o, cuando menos de inconvenientes, para el que recibe el mote, el adjetivo.

Y, sin embargo, cosa curiosa, es precisamente en este mismo período, donde se comienza a bosquejar la otra faceta de lo distinto, la versión excelente: la imagen del genio, del exitoso, del famoso, del primus inter pares.

La semilla se hallaba larvada en los primeros balbuceos, las primeras habilidades recolectoras de aplauso y baba familiares y en estado rudimentario entre las aristas de los juegos infantiles, las composiciones para leer en actos patrios, los papeles protagónicos en las obras de teatro escolares.

Simultáneamente, es también la etapa donde se perfila el rebelde, el revolucionario, el contestatario. Y como contrapartida, el manso, el tranquilo, el conformista, el estructurado. Y, en el medio, el que la ve pasar.

De pronto, somos intelectuales, se nos cae el jazz encima, algo de música clásica, algo de actualidad pero muy granado.

Nos zambullimos en la Filosofía, dudamos con Descartes, razonamos con Kant, sufrimos con Heidegger, idealizamos con Hegel, esculpimos la voluntad con Nietzsche y nos atomizamos con Leibniz.

Nos embriagamos de literatura, Herman Hesse, un infaltable, Dostoievski para atormentarnos, Kafka para confundirnos, Borges y Cortázar, Unamuno y Pío Baroja , Octavio Paz, Wilde, García Lorca y García Márquez y tantos, tantos otros.

Pensamos, analizamos todo el tiempo, la cabeza parece estallar.

Casi todos intentamos una carrera universitaria o alimentamos el autodidacta que llevamos dentro y nos dedicamos a investigar, a profundizar, a decollar en un arte u oficio.

No le damos mucha importancia a lo que piensan los demás, somos como somos, por propia elección.

Leemos todo lo que cae en nuestras manos, pero lo que cae en ellas es ciencia, desde la Madre de todas, pasando por la inquietante matemática y terminando en la última teoría sobre el origen del universo.

Nos sentimos y nos gusta sentirnos élite

Más adelante, nos convertimos en creyentes o escépticos, según los avatares de nuestras respectivas vidas

Hemisferio cerebral izquierdo predominantemente

Del otro polo del mismo estamento social, hay quienes adoran el pop o el rock, la cumbia , la salsa, van a bailar cada vez que pueden, odian leer, rechazan el pensamiento filosófico, se zambullen en la televisión, los clubes de barrio o pasean su noviazgo por parques y plazas con asientos ajustados a sus voluptuosas necesidades de abrazo y beso y algo más

Odian las matemáticas, se aburren con la ciencia, soportan ligeramente los programas de preguntas y respuestas, consumen telenovelas, devoran Nintendo, se las pasan enviando mensajitos de texto en el celular y hacen un culto de su cuerpo, su apariencia y lo que está de moda o, en el peor de los casos, intentan hacerlo.

En general no se cuestionan de dónde vienen ni adónde van.

Se preocupan mucho por el qué dirán, viven pendientes del rumor barrial y del humor de las mayorías.

Más adelante se convierten en obreros, oficinistas, empleados públicos, amas de casa, casados, padres, solteros sin hijos o con hijos.

Puede que lean el horóscopo, vean ovnis en el cielo y crean haber descubierto que existe la posibilidad que no seamos los únicos en el universo.

Eminentemente hemisferio cerebral derecho

Entre ambos extremos, al igual que ocurre con el blanco y el negro, hay variedades de combinaciones posibles, numerosos grises que se despliegan vivencialmente y conforme se van bosquejando sus peculiares y personales percepciones de la realidad.

Llegamos a ser adultos

En todo este tiempo hemos visto actuar el péndulo de lo distinto hora tras hora, día tras día, año tras año de nuestra vida.

Experiencias hay infinidad.

Algunos han sido hasta segregados por estar en la parte admirabilis del concepto: el genio también es separado a veces en forma negativa, simplemente por incomprensión, que no en balde reconoce la maternidad de una multitud de errores e injusticias.

Ya todos hemos sido etiquetados, para bien o para mal.

Se nos dice que somos cautos o temerarios, cobardes o valientes, racionales o emocionales, controlados o temperamentales, ignorantes o cultos, finos o brutos, delicados o bastos, hostiles o afables, ingratos o agradecidos, indiferentes o comprometidos, demostrativos o impasibles, afectuosos o fríos, sensibles o insensibles, impulsivos o mesurados, decididos o irresolutos, obedientes o rebeldes.

Somos adultos.

Según el diccionario de la RAE (Del lat. adultus). adj. Llegado a su mayor crecimiento o desarrollo. Persona adulta. Animal adulto. U. t. c. s.|| 2. Llegado a cierto grado de perfección, cultivado, experimentado. Una nación adulta. || 3. Zool. Dicho de un animal: Que posee plena capacidad reproductora. ? V. edad ~.

Reemplazamos y decimos hemos llegado a nuestro mayor crecimiento o desarrollo.

¿Quiere decir esto que los pensamientos que abrigamos, las opiniones que emitimos, los juicios que efectuamos gozan de la presunción de madurez, de cierto grado de perfección?

¿Saben ustedes qué es un prejuicio?

Un prejuicio es un cáncer ético, un esclerosamiento de las paredes del viaducto del progreso individual, un atentado contra la homeostasis de nuestra escala de valores, un aneurisma en la circulación de nuestro libre pensamiento.

Aislar al diferente es discriminación

Renegar del distinto es inmadurez

Rechazar lo diverso es inadaptación

¿Cómo se llega a ser diferente?

Se es diferente por causas ajenas a nuestra voluntad o sobre las cuales no tenemos pleno dominio: defectos físicos, carencias intelectuales, credo/lengua/costumbres de minorías, color de piel, incapacidades varias.

Se es diferente por elementos propios de nuestra personalidad: genialidad, virtuosismo, fama, éxito, altruismo.

Se es diferente por elecciones propias: uno decide llamar a las cosas por su verdadero nombre, vivir a su aire, dictarse sus propias reglas.

Una suerte de auténtico a ultranza, un rebelde, un contestatario, un revolucionario, un idealista.

¿Cómo se llega a ser un discriminatorio, un inmaduro y un inadaptado?

Esto sólo lo puedes contestar tú o lo podés contestar vos, que es lo mismo o casi.

Buscando excusas

Es que sonaba soez.

Era demasiado irreverente.

Rompía con lo establecido.

Utilizaba epítetos.

Insultaba en público y eso yo sólo me atrevo a hacerlo en privado.

Tenía un discurso de derecha y soy de izquierda.

Tenía un discurso de izquierda y soy de derecha.

Sabía distinguir muy bien términos como izquierda y derecha y su real significado práctico, lo que resulta peligroso.

Apelaba a mi prepucio para describir mi incomodidad.

Ponía en la picota mis costumbres, mi status social, mis roles, mis carencias, mis debilidades, mis falencias, mis errores, mis oquedades y mi sombra.

Pensaba distinto.

No lo soportaba porque era todo lo contrario a mí.

Lo sentí como un enemigo que hay que derrotar a cualquier precio.

Me abría los ojos demasiado y eso es a todas luces imperdonable.

Me obligaba a pensar y eso siempre me incomoda.

Lo tiene merecido.

Por algo será.

Corolario

Era distinto.

Era diferente.

Era necesario segregarlo.

Y eso hicimos.

Si quieren encontrar a Mirta, ella frecuenta el foro Otras Inteligencias.

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