¡Suerte que Elvis Presley está muerto!

Mucha gente tiene problemas para hablar su propio idioma, y no todo el mundo puede hablar correctamente una segunda lengua.

Para esos casos en que no se manejan palabras -por ejemplo en inglés- existe la fonética.

Simplemente en el idioma del que tiene que hablar, se recrean las palabras extranjeras.

Casa en inglés es house, para los que no saben cómo se pronuncia, se le escribe “jaus”, y aunque la j suene más fuerte que la h en inglés, se entiende lo que se quiso decir.

Otro método -que evidentemente algunos usan- es el de escuchar la letra que no se entiende infinidad de veces hasta que el cerebro arma la fonética y la persona la canta.

Este es -seguramente- el método que Enrique Castellón Vargas, más conocido como El Príncipe Gitano usó para cantar la canción In the Ghetto que todos conocemos cantada por Elvis Presley.




Alguien se tomó la tarea de escuchar la grabación de El Príncipe Gitano y colocarle la letra en la parte inferior de la pantalla en español para que se entienda qué quiere decir si no se habla inglés, en el medio la letra en inglés y en la parte superior la “fonética” tal como es cantada.

Es un interesantísimo ejercicio para ver qué se tiene que hacer y qué no para cantar decentemente en otro idioma.
Sigue leyendo

Violación y violencia

O: Cómo están generando que la sociedad esté alienada.

No necesariamente violación debemos asociarlo con sexo.
Puede violarse la correspondencia, una caja fuerte, un domicilio, la intimidad, una norma o una ley.
En este sitio he escrito ya 10 artículos sobre los que usan sus automóviles para violar: 1, 2, 3, 4, 4 bis, 5, 6, 7, 8 y 9.
En este no sólo voy a hablar de una violación a una norma de tránsito, sino a una norma no escrita, que es la de la convivencia y además de violencia.
No quise escribir nada antes -esto sucedió el viernes pasado, 22/06/18 alrededor de las 16:45- porque quería madurar la idea con tranquilidad.

HECHOS




Ese día me bajo del colectivo (autobús) en la avenida Belgrano al 1300 en Avellaneda, Buenos Aires y camino hacia la esquina que está a no muchos metros.
Sobre la vereda, que no es muy ancha, -poco más de 2 metros- había un vehículo estacionado frente al local de Hidráulica Farías en el 1345.
Cuando estoy pasando por el costado del vehículo, sale un hombre medianamente joven, que abre la puerta del lado del acompañante e introduce medio cuerpo adentro, como si estuviera acomodando algo, por lo que al casi tocar el borde de la puerta con la pared, me resultó imposible pasar.
Esperé un momentito, y como parecía no haber advertido que hubiera alguien que no podía pasar, usando un dedo, porque sé que el ruido que produce se puede escuchar perfectamente golpeé el marco de la puerta para avisarle que estaba bloqueando el paso. No respondió, por lo que volví a tocar la puerta -siempre 3 golpes- y como seguía sin respuesta lo volví a hacer. En total toqué a la puerta tres veces.
Luego de esto, y no inmediatamente sale completamente del auto y ya antes de cerrar la puerta me increpa –¿¡Qué te pasa, estás muy apurado!?.
Simplemente le respondí: –es que quiero pasar y no puedo.
Sigue leyendo

No le encuentro un título

Participé de un concurso de relatos breves, de hasta 100 palabras hace un par de años, tal vez más.
Conseguí hacerlo de exactamente cien palabras, pero no alcanzó con ese esfuerzo para quedar preseleccionado.
Podría ponerle un título “muuuy obvio”, pero delataría el final.
Quedará sin título.




Como me gustó, lo posteo.
Sigue leyendo

Ovni en el cielo de África

El día 4 de junio de 2017 (04/06/2017), poco después de las 12:00 horas del mediodía -hora de Argentina- viendo por mi ventanilla -ubicada del lado derecho del avión- vi unas nubes que quizás pudieran “dar bien” en una foto; saqué mi cámara e hice varias tomas.

Salvo que la foto quede notoriamente borrosa o movida, nunca las borro, a lo sumo les “pego una ojeada” en la pantallita y nada más.

Cuando llegué a casa, las fotos no me parecieron lo suficientemente buenas como para destacarlas, por lo que quedaron en la carpeta -generada automáticamente por la cámara- de ese día y bajadas a mi computadora.

Varios meses después (6), revisando las fotos sólo por volver a verlas, y usando el programa IrfanView, al pasarlas más o menos rápido, algo me llamó la atención.

Si bien mi ventanilla no estaba del todo limpia, porque tenía un par de manchitas, había aparecido algo en las fotos que me puso en alerta: una manchita pequeña, de color gris cambiaba de lugar en las diferentes fotos.

Lo primero que pensé era que la suciedad del acrílico era la responsable y que al modificar la posición de la cámara producía el efecto de estar cambiando de lugar en el cielo.

Al hacer una observación más detallada, pude ver que los puntos de referencia que tenía ante mí, que eran la nube grande y la punta del ala variaban muy poco, no así la “manchita”.

Era evidente que no era “suciedad”, sino un objeto sólido.

Podría ser otro avión que a la distancia fuera irreconocible.

Volviendo a prestar la debida atención a las imágenes, el objeto se desplazaba –en la foto- de izquierda a derecha, y no sólo eso, sino que en la segunda toma estaba más arriba y en la tercera otra vez abajo.

No es, y no hace falta ser un experto para determinarlo, el movimiento típico de una aeronave. Por lo menos de las que yo conozca.
Sigue leyendo

Mi amigo el enemigo

Me ha costado mucho dar forma a la idea que desde hace unos cuantos días me da vueltas por la cabeza.

Se me ocurrió que lo mejor era ponerme a escribir y tratar de volcar todo y en el peor de los casos corregir una y otra vez el texto hasta que se parezca a lo que pienso.

Hace poco estuve en Londres, unos pocos días.

Era verano. Salvo un mediodía en el que apareció una nubecita que tapó algo el sol por unos 15 minutos, el calor fue el dominante. Ni una gota de lluvia, ni siquiera una llovizna. Por lo tanto no conozco la ciudad en su versión gris, así que lo que me llevé fue la mejor de las impresiones de Londres. Tan diferente a todas las otras ciudades que he conocido.

En definitiva: Me gustó mucho.

El gran defecto que encontré, es que el transporte es caro.

Aunque se puede llegar a todos lados usando el sistema de subterráneos, el valor del viaje que desde un principio no es barato, cambia según a dónde se vaya.




Londres está dividido en áreas. La central, la número 1 y la más periférica la 6. Si se está en la 1 y el destino queda en la misma área, aunque se haga un trasbordo el valor es el mínimo. Hacer 3 estaciones y cambiar de área, implica un costo mayor. En definitiva, los turistas sacamos la tarjeta Oyster y la usamos hasta que nos vamos. Al irnos, podemos devolverla y nos reintegran algo de dinero. No sé cuánto, porque me quedé con ella, porque mi hijo menor piensa ir para visitar a su hermano y puedo pasársela para que no tenga necesidad de perder tiempo comprando una.

Por poco que se use, 30 Libras (costo tarjeta + carga) no alcanzan para mucho.

Me quedé sin saldo, y en la estación Aldgate, en Whitechapel, que era la que tenía enfrente de mi departamento no hay gente en una ventanilla para cargar nada. Sólo máquinas automáticas. Como no tenía mucho dinero en efectivo, decidí cargarla usando mi tarjeta de crédito y como no quería meter la pata y que la expendedora se la quedara culpándome de algún error de mi parte, busqué a algún empleado del subte para que me asesorara.

Había cerca de los molinetes un señor mayor con uniforme del metro y le pedí ayuda.

Muy amablemente me llevó a una máquina y mientras me explicaba lo sencillo y seguro que era el procedimiento (en ese momento me sentí un cavernícola por no confiar en la tecnología), me preguntó de dónde era.

Cuando le dije que de Argentina, hizo una pequeña pausa, se sonrió y me dijo que él había estado muy cerca de allí.
Sigue leyendo