Cuando el himno se canta con sentimiento

Hace unos años puse un post en donde hablaba de los sentimientos que me generaba el ver en la tele a los hinchas argentinos cantando el himno, sobre todo cuando coreaban la parte que sólo era música.

Hasta ayer nunca había tenido la oportunidad de participar del canto en vivo junto a muchos miles de compatriotas.

Es indescriptible.

Es una experiencia que recomiendo tener.

Cuando se está rodeado de personas que le ponen tanto sentimiento el hecho de cantar el himno, es imposible no sentirse parte de un todo.

Todos con un mismo sentimiento.

Lo que puede mostrarnos un video o un audio, es incomparable a sentirlo in situ.

En el video tal vez no se perciba tan bien como estando ahí el sentimiento de la gente cuando se llega a la parte final y la gente cantaba/gritaba “O juremos con gloria morir”.

Me sentí feliz y orgulloso de estar rodeado de gente que sintiera de esa manera su “argentinidad”.

Mi eterno agradecimiento a todos los que estuvieron junto a mí y me hicieron sentir tan feliz de ser argentino.

Todas las palabras tienen una definición académica.

Los hippies para referirse a otra persona la llamaban hermano o hermana y no porque tuvieran parentesco alguno o pertenecieran a alguna cofradía o congregación.
Utilizaban esa palabra para incluir a los “otros” dentro del concepto de “semejantes”.
Era su método para generar conciencia de que quienes formábamos parte de la humanidad éramos iguales.
Hubo en esa época gente que se sentía molesta por ese término (incluyendo los hábitos y la filosofía) y denostaban y rechazaban a los hippies porque consideraban que el cambio ¿de paradigma podríamos decir? iba en contra de lo establecido desde…. siempre. Aunque nunca fue “siempre”, ya que basta con elegir un país cualquiera y podremos ver de qué manera los hábitos y las costumbres cambian al correr de los años.




Con relación al género en el lenguaje, tenemos hábitos quizás hasta dobles.
Si hablo de trenes y digo “maquinista” o si hablo de taxis y digo “taxista” seguramente a pesar de género femenino de la palabra, la primera imagen que se nos presente sea la de un hombre.
En cambio la palabra “recepcionista” seguramente nos generará la idea de una mujer excepto tal vez cuando sea en un área de seguridad, en donde esperaremos ver a un hombre.
Imaginaremos a una mujer como telefonista, a un hombre como ascensorista o astronauta, y otros como por ejemplo activista que según la última imagen que tengamos de un acto activista veremos a hombres o mujeres y en otros casos a ambos sexos.
Greenpeace contra el desmonte en el Chaco o Salta nos inclina a ver hombres.
A favor del aborto, nos hará ligar esta lucha con las mujeres.
Contra el trabajo infantil a ambos sexos.
No sé cuántos podrían asociar a Médicos sin Fronteras sólo con hombres.
Quienes usan el lenguaje inclusivo lo hacen para generar conciencia de la misma manera que los hippies en los 60´s.
No con la misma finalidad de evitar discriminación en sí misma, sino discriminación hacia “el sexo débil”.
Para poner unos pocos ejemplos, hay mujeres boxeadoras, levantadoras de pesas, corredoras de autos… todas tareas que hasta hace no muchos años hubieran sido impensadas.




Las pioneras fueron estigmatizadas. Hoy verlas ejerciendo esas profesiones no nos mueve un pelo (siempre hay gente a la que sí, pero son minoría).
Para llegar a esa aceptación de que “el otro sexo” pueda trabajar de o tener determinado hobby, el camino de “todes” quizás dé un buen resultado, pero mientras que un director de empresa gane más que una directora de empresa, o un empleado más que una empleada o en la tarea que sea, habrá que seguir luchando.
Debo admitir que escuchar hablar en lenguaje inclusivo me genera una cierta incomodidad, pero del tipo lingüístico, ya que aún debo convertir las palabras terminadas en “e” en las que estoy habituado a escuchar o leer con “a” o con “o”.
Algo que es absolutamente seguro, es que esta “movida” de instalar el lenguaje inclusivo no va a pasar sin dejar una huella.
Podrá perder impulso, incluso desaparecer del uso cotidiano, pero quedará como un intento de mejorar a la humanidad (¿le humanided? 😉 ) tal como el Paz y Amor de hace medio siglo aún sigue vigente.
Siéntanse incómodos –si quieren- quienes están de uno u otro bando, pero nunca se enojen.
Defiendan la libertad de expresarse tanto la propia como la ajena.
Las palabras no son por sí mismas buenas o malas.
Tuve la experiencia de que por una mala maniobra del chofer del colectivo en el que viajaba recibiera el insulto de un taxista: ¡COLECTIVERO!
Durante muchas cuadras el CHOFER repetía en voz alta: ¡Me dijo COLECTIVERO!
Él era colectivero, pero no ¡COLECTIVERO! (pronúnciese esta última palabra con tono despectivo y ofensivo para entender acabadamente).

Lo injustificable…

Voy a ser simplista.
Esto lo están leyendo 2 clases de personas:
Los que van a interesarse por lo que aquí se plantea y los que no.
Los que se interesan, quizás, si no les parece muy extenso, terminen de leerlo, compartan en todo o en parte lo que expongo, y los que al ver el tema, abandonen la página espantados, desinteresados o furiosos, pudiendo haber combinaciones de esos estados de ánimo.

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¡¡¡Qué cagada!!!… haber tenido la razón

Eran los primeros días de 2016.

Era en el comienzo del gobierno de Mauricio Macri, que ganó las elecciones -según el diario pro Cambiemos– por 51.34% contra 48,66. Fueron 25.297.924 votantes, y la diferencia fue de 678.774 votos.

Por poco o mucho, había ganado el candidato que había dicho “Podemos vivir mejor”.

Ya diré algo más.

En una esquina de av. Corrientes y av. Scalabrini Ortiz, una parejita joven, uno portando cámara y la otra micrófono, me abordaron para hacerme algunas preguntas.




El video me exime de explicar nada.

En ese minuto que acabás de ver, no sólo pude exponer mi punto de vista, sino que el conductor, Alejandro Liska hace el cierre de la nota y responde a lo que yo expuse dando a entender que yo estaba equivocado…

… Y YO NO ESTABA EQUIVOCADO.

1.000 días mas tarde…
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¡Suerte que Elvis Presley está muerto!

Mucha gente tiene problemas para hablar su propio idioma, y no todo el mundo puede hablar correctamente una segunda lengua.

Para esos casos en que no se manejan palabras -por ejemplo en inglés- existe la fonética.

Simplemente en el idioma del que tiene que hablar, se recrean las palabras extranjeras.

Casa en inglés es house, para los que no saben cómo se pronuncia, se le escribe “jaus”, y aunque la j suene más fuerte que la h en inglés, se entiende lo que se quiso decir.

Otro método -que evidentemente algunos usan- es el de escuchar la letra que no se entiende infinidad de veces hasta que el cerebro arma la fonética y la persona la canta.

Este es -seguramente- el método que Enrique Castellón Vargas, más conocido como El Príncipe Gitano usó para cantar la canción In the Ghetto que todos conocemos cantada por Elvis Presley.




Alguien se tomó la tarea de escuchar la grabación de El Príncipe Gitano y colocarle la letra en la parte inferior de la pantalla en español para que se entienda qué quiere decir si no se habla inglés, en el medio la letra en inglés y en la parte superior la “fonética” tal como es cantada.

Es un interesantísimo ejercicio para ver qué se tiene que hacer y qué no para cantar decentemente en otro idioma.
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