4 cuentos cortos

Hace ya unos meses participé de un concurso de cuentos cortos -de hasta 150 palabras- para promocionar una marca de brandy español.
Ninguno de mis cuatro trabajos enviados fue elegido.
De aquellos que resultaron escogidos, sólo uno de ellos me gustó más que los míos… pero como todo es cuestión de gustos…
Ya que estas narraciones no tienen valor para otra cosa más que para promocionar una bebida específica, es que decidí publicarlos.
Espero que los encuentren -o al menos alguno- aceptables.

Náufrago

Despertó porque el sol le quemaba la espalda.
Estaba sobre la arena.
Recordó.
El barco se hundió demasiado rápido.
Estaba en cubierta y se arrojó al mar.
Se puso de espaldas y el mar lo mantuvo a flote.
Pasaros dos días.
Una gaviota lo despertó y vio que en la luz del atardecer se veía una isla.
Hacia allí nadó.
Recorrió la isla.
Vio que era muy pequeña.
Gritó, lloró, maldijo.
Se calmó.
Volvió a gritar, llorar y maldecir.
Aceptó su situación.
Bebió agua de coco y comió los peces que quedaron atrapados en las rocas de la orilla.
Agua de coco, “sushi” –porque no tenía cómo cocinarlo- y bananas.
Vio una caja flotando.
La abrió son su navaja suiza.
Brandy de Jerez de la Frontera era su contenido.
Destapó una botella, usó como copa un coco.
Ahora sí podía esperar sin preocuparse que vinieran a rescatarlo.





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No le encuentro un título

Participé de un concurso de relatos breves, de hasta 100 palabras hace un par de años, tal vez más.
Conseguí hacerlo de exactamente cien palabras, pero no alcanzó con ese esfuerzo para quedar preseleccionado.
Podría ponerle un título “muuuy obvio”, pero delataría el final.
Quedará sin título.




Como me gustó, lo posteo.
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Una muerte

Un cuento de Héctor Oesterheld

Yo andaba investigando la muerte del Jon.
Las huellas, luego de contornear todo el pueblo, me llevaron hasta la pequeña casa junto al río, casi perdida entre los juncos.
No hacía frío, pero igual me subí las solapas del abrigo y hundí las manos en los bolsillos.
Subí cinco escalones no muy seguros, empujé la puerta, entré.
Jaulas, pajareras por todas partes. De fabricación casera.
Pájaros de colores: cotorras, cardenales, pechos colorados, canarios. Pájaros grises, pájaros marrones. Grandes y chicos.




Avancé: fue como entrar en una nube de píos, trinos, gorjeos. Y de olor denso, cálido.
De entre dos pajareras salió el hombre. Tricota agujereada, cabeza blanca. Ojos curiosamente grandes y claros en el rostro ceniciento, lleno de arrugas; un rostro muy gastado, pero abierto, cordial.
—Hace tres días… —empecé.
Y me detuve. Me miró por un momento. Miró al piso, volvió a mirarme. Ya nos estábamos entendiendo.
—¿Amigo suyo?
Asentí.
—¿Sabe lo que…, lo que le pasó?
Volví a asentir. Sigue leyendo

¿Qué comemos?

ADVERTENCIA:
EL SIGUIENTE TEXTO PUEDE AFECTAR A LAS PERSONAS CON ESTÓMAGO DELICADO.




…Encima de la tostada se coloca la margarina, en trozos que se extienden con facilidad en gruesas capas. Antes solía utilizarse mantequilla (N.del E.: manteca) para las tostadas, pero las advertencias referentes al colesterol y a los ataques cardíacos han hecho que en muchos casos, como en el hogar que nos ocupa, se haya vetado la mantequilla (manteca). Sólo se emplea margarina ligera y fresca, que cuida la silueta, que no perjudica al corazón y es totalmente vegetal. O más bien habría que decir que los consumidores creen que es ligera, que cuida la silueta, que es más fresca, etc., sin pensar en su proceso de fabricación.
La margarina se compone principalmente de grasa. Fue inventada después de las revueltas urbanas de 1848 para ganar un premio que había ofrecido Napoleón III, emperador de los franceses, a quien encontrase una fuente barata de materiales grasos para las clases menos privilegiadas, que no podían comprar mantequilla (manteca). Actualmente en la margarina se incluye grasa de soja, y también grasa de arenques. Alrededor del 20% del total consiste en grasa de oveja o incluso grasa de cerdo, la antigua y agradable manteca, que se mezclan y disuelven para obtener la margarina. Pero si la grasa de cerdo derretida huele mal, mezclada con grasa de arenque en ebullición y otras grasas resulta tan repelente, tan desagradable a imposible de vender (su superficie toma un color gris), que en primer lugar se debe verter dicha mezcla en grandes tinas desodorantes, para tratar de eliminar el olor.
Lo que se extrae de las tinas desodorantes en ese primer paso todavía no forma la tentadora sustancia que se conoce como margarina comercial. Es gris, es pegajosa y es demasiado rechoncha. Las grasas que fueron hervidas temporalmente por separado en la tina desodorante no pueden mantenerse por separado durante mucho tiempo, y se coagulan de nuevo en grandes bloques desprovistos de atractivo. Estos bloques tienen que desaparecer.
La sustancia gris resultante se vuelca en otra tina, donde previamente se han echado raspaduras de metal. Se cierra la tina y su contenido se rocía con hidrógeno en estado gaseoso. Allí se hierven y comprimen las grasas, que reaccionan con el níquel y el hidrógeno, y cuando acaba el proceso y se levanta la tapa del recipiente, los bloques han desaparecido.
La grasa de oveja y de arenque y la manteca de cerdo no cuestan demasiado, pero si durante esta fase se diluyen con algo aún más barato y más fácil de conseguir en grandes cantidades, el costo de producción dela margarina se reducirá todavía más. Esta otra sustancia aguarda en otra tina de la fábrica, al lado de aquella en que tuvo lugar la eliminación de los bloques. Es leche, pero una leche especial.
Las disposiciones oficiales de la mayoría de los países suelen clasificar la leche en dos tipos: de primera clase -nivel A-, fresca, analizada y adecuada para el consumo humano; y de segunda clase -nivel B-, que los consumidores no suelen encontrar normalmente, pero que se utiliza para fabricar leche condensada, pasteles industriales y alimentos lácteos infantiles, porque es un poco más vieja o tiene más bacterias de lo conveniente. La leche que está esperando para ser mezclada con la grasa en la fábrica de margarina es de segunda clase, o incluso peor, no es fresca y, en realidad, se está agriando. Aunque ya haya sido pasteurizada con anterioridad, los ingenieros de la fábrica tienen que someterla a un nuevo proceso de pasteurización para quitarle parte de las sustancias perjudiciales que se encuentran en su interior. A continuación, se cuela, se filtra y se vierte en el recipiente donde aguarda la grasa.
Esta mezcla plantea un problema, ya que el aceite y el agua no se mezclan entre sí (recuérdese lo que pasa al aliñar una ensalada). La manteca de cerdo y la grasa de pescado son muy oleosas, mientras que la leche agria está formada por agua en un 88%. Para garantizar al acoplamiento, hay que introducir otras sustancias en la tina donde se mezclan ambos componentes, así que se añaden entonces emulgentes parecidos al jabón, que forman espuma alrededor de cada gota de agua de la leche agria, con lo cual se evita que se unan con el resto del agua lechosa que hay en la tina. A continuación se vierte gran cantidad de almidón dentro de la mezcla para impedir que el líquido recobre su estado anterior.
Convertir en producto comestible esta mezcla grisácea de leche agria y grasas animales, jabonosa y llena de almidón, es un proceso realmente admirable. Primero, se agrega un poco de colorante que sirva para cubrir el repulsivo líquido gris. Los tintes amarillos normales no servirían para ello, ya que el gris es tan oscuro que seguiría advirtiéndose, y por ello se emplean tintes muy potentes cuya base son los alquitranes de carbón refinados con azufre.
A continuación, se introduce un fuerte aromatizante con objeto de que esta mezcla tenga un gusto diferente a lo que es en realidad: una mixtura de manteca de cerdo, otras grasas, y leche agria. Luego se añaden vitaminas, ya que todo este proceso ha convertido la sustancia en cuestión en algo casi sin valor desde el punto de vista nutritivo. Más tarde, el resultado de todos estos pasos se comprime, se enfría, se amontona, se corta en largos bloques, luego se corta en bloques más pequeños, y finalmente se coloca dentro de cubetas de plástico.
A veces, al principio se mezcla a este conjunto un poco de aceite de girasol. No es que sea un componente muy necesario, y tampoco provoca la menor diferencia en el resultado del producto, pero sirve para que los diseñadores del envoltorio puedan disponer allí atractivos prados soleados y grandes espacios abiertos. La Academia de Ciencias francesa, patrocinadora inicial de la sustancia, también tuvo sus dudas al respecto. El premio a la primera margarina se concedió en 1869, pero once años más tarde dicha Academia decretó que no podía ser utilizada en los comedores oficiales, alegando que poseía un gusto demasiado repugnante…

Lo arriba expuesto puede ser verificado. Lo extraje del libro:

Los secretos de una casa
El mundo oculto del hogar





David Bodanis

Biblioteca
Científica
Salvat

(c) 1994

Versión española de la obra The secret house publicada por Sidgwick & Jackson Limited de Londres

¡Buen provecho!

¿Pichón de escritor?

En noviembre de 2004 puse un post en el que hablaba de que a Martín (mi hijo menor) le había correspondido una mención en un concurso juvenil de poesía y narrativa organizado por la S.A.D.E. – Sociedad Argentina de Escritores.




El 21 de agosto pasado, en el diario La Ciudad, de Avellaneda, en la columna literaria, apareció una nota en la que se resaltaba a Martín por su estilo literario, era comparado a Artaud, Ionescu y Genet.

Lamentablemente este diario (periódico) no tiene online todas las notas publicadas en papel, por lo que no puedo poner un link a la nota. Estuve esperando a ver si la base de datos se cargaba con posterioridad para hacer un post completo, pero no voy a poder, solamente puedo poner la foto de la nota impresa.




Click en la foto para ampliarla.

Martin en el diario la ciudad de avellaneda

Si quieren leer lo que mi hijo escribe vayan a su sitio personal.