Japoneses increibles

¿Cuántas veces nos encontramos faltos de tiempo?

Los que tenemos que despertar a nuestros hijos para ir a la escuela, sabemos de qué manera el tiempo que estábamos seguros que era el suficiente, repentinamente se convierte en tan escaso, que lo nuestro termina siendo una lucha contra reloj.




Les voy a confesar algo: no es que el tiempo sea escaso, sino que nosotros no somos capaces de hacer las cosas correcta y eficazmente.

¿Que de dónde saco esta idea?

Pues del video que muestra que puede uno levantarse tan sólo 5 minutos antes de la hora de salir para el colegio.

Y no es que únicamente nos despertamos, despertamos a nuestro hijo, nos vestimos y nos vamos. Nos da tiempo como para prepararle el desayuno, y cocinarle la vianda que comerá al mediodía. Además, podremos prepararle ropa “de último momento” y ayudarlo a cargar con las mochilas.

¿Que no me creen?




Problema suyo.

Y si creen que miento o exagero, simplemente vean que sí es posible.

Lo vi en Kirai.

No te quedes con ganas de jugar

Si alguna vez fuiste a jugar al bowling, es posible que te hayas encontrado con que no tenías cancha y tuviste que esperar a que se desocupara una.




Si no querès correr riesgos y estar -casi- seguro de poder jugar cuando entres, te conviene ir a Japòn, porque en la prefectura de Aichi está el Inazawa Grand Bowling.

Imaginate un local de 200 metros de ancho lleno de canchas de bowling.

Caben 116.

Debe ser muy difícil quedarse sin jugar.

Acà les dejo un video, que si bien está en japonés, no es necesario que entiendas nada de lo que dicen.




Las imágenes hablan por sí mismas.

La información la saqué de Japan Probe.

Un tiburón alien

Es evidente que el fondo de los océanos aún nos ocultan muchas sorpresas.




En Japón encontraron y filmaron a una extrañísima variedad de tiburón al que bautizaron Goblin -duende, en español-.

Es Extraño; y lo es aún más cuando se lo mira desde abajo, tal como la foto lo muestra.

Hay algo de información en la Wikipedia en español, y bastante más en inglés.

Si quieren ver como puede desplazar hacia adelante su boca (casi como un alien), simplemente vean el video. Cuando lo filman en el estanque presurizado, parece “más normalito”.




A mí me llamó muchísimo la atención; véanlo por ustedes mismos.

Impresionante, ¿no?

¡Qué diferentes!

Los japoneses son personas con una identidad muy propia -si es que se me permite esa frase-, que no tiene punto de comparación con ninguna otra cultura.




A nuestro gusto, tienen cosas buenas, malas, insólitas…

Recuerdo haber visto -hace ya mucho tiempo, por lo que no sé si se sigue usando- que en ciertas esquinas de Tokio había paragüeros para que la gente los usara para cruzar la calle, devolviéndolos en el paragüero de la vereda de enfrente.

A nadie se le ocurría “olvidarse” de devolverlo. Por algo eran japoneses…

Ya he hablado de este tema hace casi 4 años en un post que se titulaba Devolviendo…

De todas maneras, me he sorprendido al enterarme que en algunas estaciones de tren de la ciudad de Tokio hay libreros -estanterías- con libros gratis para que la gente elija uno antes de subir al tren, leer durante el viaje y devolverlo al bajar en la estación de destino.

Estantes de libros gratis en Tokio

Estantes de libros gratis en Tokio

Debo admitir que en ese tipo de cosas, les tengo mucha envidia.




La noticia la saqué de Un geek en Japón by Héctor García.

Las fotos las saqué de A week in Tokyo 18

Y de Q-TARO.COM » Magome.

Trabajar a destajo

Yo puedo hablar de lo que significa trabajar a un ritmo de locos.

En alguna oportunidad tuve más de un trabajo.




Algunas veces de diferente tipo.

Lamentablemente, bastante tiempo, el mismo en más de un lugar.

Yo fui graboverificador.

Para los que no saben qué significa, paso a explicarles:

Antes de los códigos de barra, los datos se cargaban en las computadoras a mano, uno por uno.

En los comienzos, se cargaba la información en tarjetas que se perforaban y que se podían almacenar, para que, en caso de ser necesario, otra máquina las leyera.

El ruido de las perforadoras de tarjetas, perforaba también los tímpanos y te inflaba los timbales. Por suerte nunca trabajé con ese tipo de soporte.

No era un método muy rápido, pero superaba a cualquier secretaria en tiempo y confiabilidad, si hablamos de los datos.

Luego hizo su aparición el soporte magnético portátil: el diskette.

En un principio, estos discos “portátiles” tenían 8 pulgadas, unos 20 cm.

Se dividían en sectores (algo así como porciones de una torta) que a su vez se dividían en 73 pistas +o- (anillos concéntricos) de 128 bytes.

Si la memoria no me falla, se podían grabar 24 pistas.

Todos los “grabos” adorábamos trabajar con las IBM 3742, enormes estaciones de trabajo de unos 2 metros de ancho con dos teclados maravillosamente sensibles y cómodos.

Aquí en Argentina se pedían “por lo menos” 10.000 digitaciones por hora. En muchos lugares, se exigían 12.000 (usando el teclado numérico), lo que daba entre 2,7 y 3,3 teclas por segundo.
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