¡¿Cómo no se me ocurrió?!

Siempre hay alguien que tiene una idea genial, que quizás no es novedosa, pero que nadie se ha atrevido a llevarla adelante.

Paola Kullok es una de esas personas.

Les voy a poner un ejercicio para ejercitar la imaginación:

Imagínense una escuelita.

Una escuelita privada. Con dos o tres aulas, nada más.

Ustedes son no sólo los directores, sino también los profesores.

Piensen ahora en el alumnado.

Deberán ser únicamente de sexo femenino.

No tienen que imaginarse una escuela de señoritas, pero piensen que puede que haya varias en esa condición (que sean señoritas).

No tiene que haber menores de edad.

¿Qué es lo que pueden querer aprender mujeres hechas y derechas?

Todo lo relativo al sexo.

Cómo satisfacer a sus parejas o a ellas mismas.

Bien, van bien encaminados… pónganse un guardapolvo 😉 y con el puntero en la mano, comiencen a “dar clase”.

Paola… ¡¡¡GENIA!!!

La noticia salió en Clarín. Aconsejo que miren el videíto. Así verán que quizás todavía tengan oportunidad de salir adelante con su propio emprendimiento, aunque sea modesto.

Paola tiene su propia página web, PK Escuela de Sexo, en donde ofrece enseñarle a hombres, mujeres y parejas.

Además, tiene un servicio de fotografía, para que ellas puedan sacarse esas fotos que nunca se animaron a pedirle a la pareja.

Lo que no encontré es un curso introductorio.

En realidad, quiero decir: cómo empezar.

Algo así como: “Mejor aprendelo ahora, antes de que en tu primera vez metas la pata”.

Lo que no aclara la “especialista” es si te da: “garantía de satisfacción, o le devolvemos su dinero”.

Gracias Bernardo.

Diferentes culturas

No voy a descubrir nada.

Oriente es muy distinto de Occidente.

Pero creo que nunca dejaré de sorprenderme con algunos “detalles” de la cultura japonesa.

Este video educativo para enseñarle a los chicos a controlar sus esfínteres, me ha dejado anonadado.

El ver a un soretito diciendo ¡Mutso, mutso! (como si no pudiera decir correctamente ¡Mucho mucho!) me tomó desprevenido… pero el nene del final haciendo fuerza mientras el gatito de plástico lo alienta y le pone música de fondo…

Vean qué lejos estamos de Japón. Y no sólo geográficamente.