El origen de la sicalipsis

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Recibo periódicamente noticias referidas a nuestro idioma y un informe llamado La palabra del día, donde puede conocerse la etimología de palabras que -en la mayoría de los casos- usamos diariamente sin saber cuál es su origen.

Normalmente el informe es interesante, aunque a veces, puede resultar sumamente entretenido, por no decir divertido.

En el día de hoy recibí el boletín, que me arrancó una carcajada espontánea.

Fíjense si a ustedes también les causa gracia:

LA PALABRA DEL DÍA

sicalipsis

Significa ‘picardía o malicia referente a temas sexuales’. Este vocablo fue formado arbitrariamente por yuxtaposición de las palabras griegas sykon (higo) y aleipsis (frotar, untar) con base en alguna idea que dejamos librada a la imaginación de cada lector.
Decimos ‘arbitrariamente’ porque la palabra no nos llegó por cierto desde el griego sino que aparece registrada por primera vez en el anuncio de una obra pornográfica publicado en 1902 en el diario El Liberal, de Madrid. El uso más frecuente no es el sicalipsis sino más bien del adjetivo sicalíptico que, más allá de la definición académica reseñada al comienzo, significa ‘obsceno’ o ‘pornográfico’.





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Yo no me animaría…

… a dejar que mi hijito jugara con el perro.




Chaney, de (calculo) uno o dos años de vida, juega con su perro Tiger.

Hábilmente, el perro frota su hocico contra las costillitas y la panza de Chaney, provocándole cosquillas.

Es hermosísimo ver a un bebé riéndose a carcajadas.

Es muy lindo ver a nuestro perro, jugando con nuestros hijos.

Pero ver a Tiger, un gran danés de cerca de un metro de alzada, con la cabeza tan grande como el bebé… qué sé yo…

Cada vez que veo el video siento lo mismo en el estómago.

¿Seguirá Chaney vivo… o por lo menos entero?

Cuando pienso que muchas veces los perros usan los dientes para jugar, sin ninguna intención de atacar, calculando que una «mordidita suave» se puede dar, se me hace un nudo en la boca del estómago.




No sé si a ustedes les va a dar la misma sensación que a mi; pero si Tiger fuera mi perro y Chaney mi hijo, jamás permitiría que se «divirtieran tanto».