Yo no me animaría…

a dejar que mi hijito jugara con el perro.

Chaney, de (calculo) uno o dos años de vida, juega con su perro Tiger.

Hábilmente, el perro frota su hocico contra las costillitas y la panza de Chaney, provocándole cosquillas.

Es hermosísimo ver a un bebé riéndose a carcajadas.

Es muy lindo ver a nuestro perro, jugando con nuestros hijos.

Pero ver a Tiger, un gran danés de cerca de un metro de alzada, con la cabeza tan grande como el bebé… qué sé yo…

Cada vez que veo el video siento lo mismo en el estómago.

¿Seguirá Chaney vivo… o por lo menos entero?

Cuando pienso que muchas veces los perros usan los dientes para jugar, sin ninguna intención de atacar, calculando que una “mordidita suave” se puede dar, se me hace un nudo en la boca del estómago.

No sé si a ustedes les va a dar la misma sensación que a mi; pero si Tiger fuera mi perro y Chaney mi hijo, jamás permitiría que se “divirtieran tanto”.

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