Está todo bien… pero… ¿y el libro?

Ayer fui con mi hijo Martín a comprar el libro Nº4 de Harry Potter. Harry Potter y el cáliz de fuego.

Fuimos al shopping Alto Avellaneda. En la librería Yenny estaba agotado, por lo que decidimos ir a Musimundo a ver si ahí sí estaba.

Encontramos el Nº1, el 2, el 3, el 5… pero no el que estábamos buscando.

Quizás estuviera en depósito, qué mejor que preguntarle a algún empleado, ¿no?

Había un muchacho con anteojos (gafas), pelo largo y cola (coleta) que estaba reponiendo DVDs en los estantes y decidí preguntarle.

Luego de palmearme el brazo, se dirigió al estante a ver si allí estaba. Como – por supuesto – no lo encontró, me dió unas palmadas en el hombro y me dijo que iría a ver en el sistema. Dió media vuelta y cuando estaba dirigiéndose hacia la computadora, se dio cuenta de que a Martín no lo había palmeado; se dio vuelta y también a él le dio unas palmaditas en el brazo.

¡Qué buena onda!, era sumamente amable, hablaba como hablaban los hippies en los sesentas, «todo estaba bien».
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Conforme y orgulloso

Equipo de la Selección Argentina de fútbol que enfrentó a Alemania - 2006

Por supuesto que hubiera querido que «mi selección» fuera la que ganara el campeonato mundial…

Al quedar Alemania, Francia, Italia y Portugal, hubiera preferido que Portugal se llevara el título, y el único motivo era que no tenía en su haber ninguno. Ni siquiera éso, quedó cuarto.

Pero ahora que todo terminó, quiero hablar de «mi equipo». En el título del post, se resume todo.

Estoy conforme con el equipo que armó José Pekerman. Cuando se miraba la lista, se sentía una sensación de coherencia. Algo así como que todos iban en la misma dirección – futbolísticamente hablando -.

Antes del primer partido, se notaba un cierto aire de compañerismo. Más bien debiera decir amistad.

Bien podía ser que la tensión de los partidos aún no los había alcanzado, que a la hora de salir a la cancha, todos iban a querer estar entre los 11 elegidos y que no les caería bien salir para ir al banco de suplentes.

Pero no fue así.

En la cancha demostraron que eran un «verdadero equipo». Sin mezquindades. Sin vedetismos. Sin egoísmos. Nadie quiso ser «el protagonista».

Hernán Crespo fue reemplazado en más de una oportunidad. Estaba en el banco con la misma alegría y entusiasmo que los hinchas en las tribunas o detrás de los televisores.

En el segundo gol a México, antes de que la pelota que pateara Maxi Rodríguez entrara en el arco, ya se lo ve a Hernán gritándolo con una expresión de alegría, que no dejaba dudas: eran un equipo.

José Pekerman fiel a sus principios, eligió a un grupo de jugadores que fueran mucho más que éso. Que fueran «amigos».

No quiero decir que lo fuesen realmente, la amistad es algo muy serio como para que aparezca mágicamente en una concentración antes de un mundial.

Se comportaban como amigos. Como verdaderos amigos.

En el partido contra Alemania, no entró Lionel Messi. Salió Juan Román Riquelme, que era el jugador que tenía asegurada su participación en todos los partidos. Una demostración de que el técnico era el que decidía y que haría lo necesario para ganar. Los jugadores lo demostraban en el campo de juego.

No voy a tratar de justificar la eliminación de la Argentina.

Es un tema muy tentador, teniendo en cuenta los antecedentes que tiene la FIFA en ese sentido. El equipo local debe ser campeón – cuando es uno de los grandes -; los memoriosos seguramente recuerdan varios ejemplos.

En el partido contra Alemania, no se le puede echar la culpa al referí (que dejó mucho que desear, por lo menos a los que prefieren un buen árbitro, imparcial).

Hicimos un solo gol. Erramos dos penales. Ellos también hicieron un único gol, pero los penales no los erraron.

Ganaron, punto.

De todas maneras, quiero que sepan que me sentí – y siento – muy orgulloso de los 23 jugadores que nos representaron en este mundial.

Quiero decirles ¡muchas gracias! por todo lo que hicieron.

No soy el único que está contento con la selección. No importa que no ganaran. Importó mucho, muchísimo más lo que hicieron.

Y no soy el único loco que piensa así. Vean si no.

Éstos son los 23.

Roberto Abbondanzieri Roberto «Pato» Abbondanzieri
Leonardo Franco Leonardo «Leo» Franco
Oscar Ustari Oscar Ustari
Fabricio Coloccini Fabricio Coloccini
Roberto Ayala Roberto «Ratón» Ayala
Gabriel Heinze Gabriel Heinze
Juan Pablo Sorín Juan Pablo «Juampi» Sorín
Leandro Cufré Leandro Cufré
Gabriel Milito Gabriel «Gabi» Milito
Nicolás Burdisso Nicolás «Nico» Burdisso
Lionel Scaloni Lionel Scaloni
Maximiliano Rodríguez Maximiliano «Maxi» Rodríguez
Esteban Cambiasso Esteban «Cuchu» Cambiasso
Luis González Luis «Lucho» González
Javier Mascherano Javier Mascherano
Juan Román Riquelme Juan Román Riquelme
Pablo Aimar Pablo «Pablito»Aimar
Lionel Messi Lionel «la Pulga» Messi
Hernán Crespo Hernán Crespo
Carlos Tevez Carlos «Carlitos» Tevez
Javier Saviola Javier Saviola
Rodrigo Palacio Rodrigo Palacio
Julio Cruz Julio «Julito» Cruz

Éste es el camino que deben seguir los próximos directores técnicos que dirijan a la selección.

Alejandro Dolina tenía razón cuando escribía:
«El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.»

Insoportables

No voy a hablar de nada que ustedes no conozcan.

Quiero referirme a las pérdidas de tiempo que nos ocasionan las explicaciones innecesarias.

Llamadas telefónicas para ofrecernos servicios, productos, y un sinfín de cosas que no pedimos ni necesitamos.

Tomas por asalto a la salida de la línea de cajas del supermercado para ofrecernos una tarjeta de crédito increíble.

A llamadas tempraneras los domingos por la mañana para ofrecernos la palabra de algún dios, aprovechando que queda poco tiempo para aprovechar la oferta.

Cancelaciones de servicio que son lo más opuesto a lo automático que podamos encontrar.

Reclamaciones por servicios mal prestados o mal cobrados… o ambos, que llevan largos minutos de espera, y en muchas ocasiones, más de un día.

Pero pocas solicitudes tan ridículamente atendidas como la de Vincent Ferrari, un usuario de AOL (América On Line) que quiere dar de baja el servicio.

Más de 20 minutos para obtener una respuesta.

Éste es el desglose:

Mensaje de bienvenida… 4 minutos
Espera en línea… 11 minutos
Hablando con John… 5 minutos
Mensaje de despedida… 1 minuto

Total… 21 minutos

Un evidente intento por parte de AOL para que Vincent Ferrari se hartara de tanta espera, decidiera dejar para más adelante el pedido de baja de servicio y seguir cobrándole por un tiempito más.

Lo peor que hizo AOL, fue la declaración de prensa, en la que califica de «profundamente reprobable» el incidente, y que John, el mal empleado ha sido despedido porque la empresa tiene «tolerancia cero» con respecto a la mala atención de sus clientes…

Probablemente John seguirá atendiendo a los usuarios de AOL, pero diciendo que habla Tom, o algún otro nombre, porque lo que creo que trata de generar la declaración de prensa es una quita de responsabilidad de parte de la empresa y hacer sentir culpable a Vincent Ferrari de la falta de trabajo del pobre de John.

Quizás muchos usuarios dejarán de quejarse para evitar ser los «responsables» del hambre de algún empleado que quedará en la calle.

El video está en inglés, pero vale la pena el esfuerzo de entender lo que se dijo. Por lo menos, la conversación telefónica aparece impresa en la pantalla de las noticias de la NBC.

Gracias Bernardo!

Contaminación

Hemos escuchado muchas veces que estamos contaminando el medio ambiente. Uno de los hábitats que se ven afectados es el marino.

Pero… ¿hasta qué punto lo contaminamos verdaderamente?

Siendo tan grande, ¿cómo puede ser posible que unos seres tan insignificantes como nosotros lo estemos destruyendo?

Quizás no nos damos cuenta de que contaminar no significa tan sólo arrojar productos tóxicos de manera visible, sino que estos elementos no son biodegradables, que no existen seres vivos ni reacciones químicas que puedan descomponerlos y transformarlos en elementos aprovechables para el medio en que se encuentran.

Desechamos en el mar elementos que necesitan muchísimos años para descomponerse; Una botella de vidrio (tiempo indeterminado), una lata de gaseosa (350 a 400 años), una bolsa plástica (500 años).

Una clara prueba de lo que arriba digo es la foto, que saqué en febrero en la playa de San Clemente, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

En la bolsa, se encuentran adheridos varios ejemplares de Semibalanus balanoides, una variedad de los percebes, que necesita varios años para crecer.

No tengo idea de cuánto tiempo la bolsa anduvo a la deriva, antes de quedar depositada el tiempo suficiente como para permitir el crecimiento de vida. Tampoco sé en cuál playa (de qué país) fue arrojada.

De todas maneras, las mareas la pueden seguir paseando por todos los mares del mundo. Tiene 500 años para dar la vuelta al mundo.

La próxima vez que tengan algún residuo para descartar, busquen un cesto, y si no tienen uno a mano, no lo arrojen en cualquier lado, esperen hasta encontrar uno, aunque tengan que esperar a llegar a sus casas.

La foto no me deja mentir.

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