¿Quién, de chico, no ha desarmado un reloj o una radio o un aparato cualquiera con el único fin de ver cómo es que funciona?
Otros, seguramente, habrán hecho experimentos con algunos bichitos para ver qué pasaba si…
Quizás, tal vez los menos, habrán sido responsables de que alguna planta de la abuela fuera víctima del vandalismo propio de la investigación infanto-científica.
Tomando distancia, sobre todo si lo que se ha roto no es nuestro, podemos decir que el espíritu investigativo (palabra que acabo de inventar porque en la R.A.E no existe y yo la necesito) de los niños justifica, de alguna manera la destrucción del objeto de estudio.
Ahora bien. Una persona grande, casi científica, con criterio científico formado, que no es ajeno al conocimiento de que lo único, roto, pasa a converrtirse en extinto, no puede cometer el error de destruir un ejemplar único.
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