Violadores – Capítulo I

Seguramente la imagen que les vino a la mente luego de leer el título, fue la de un hombre, mal entrazado, saliendo de su escondite en las sombras y atacando sexualmente a una pobre e indefensa señorita.

Pues no.

De los violadores de los que voy a hablar en este post, son los que a diario violan impunemente, infinidad de veces al día.

Más de una señorita, señora o “señor”, estará pensando: ¡dónde puedo encontrar uno así!…

Lamentablemente, por la calle, diariamente y de a miles.

Son aquellas personas que se desplazan por Capital y Gran Buenos Aires en vehículos rodantes.

Camiones, colectivos (ómnibus), camionetas, autos, motocicletas, ciclomotores, bicicletas, e inclusive patinetas, monopatines y patines.

A quienes nunca vinieron a la Argentina, les puede parecer un tanto exagerado el punto de vista.

A los que vivieron aquí o vivimos, sabemos que no.




En las películas, uno puede llegar a ver ciertos estereotipos: ingleses manejando “a contramano”, pero con absoluta seriedad y lentamente.
Franceses (sobre todo taxistas) conduciendo a toda velocidad por París.
Italianos generando caos en el tránsito y con las bocinas y gritos.
Californianos (y ésto se lo debemos a C.H.I.Ps) respetando todas y cada una de las normas de tránsito, so pena de perder la licencia y/o de tener que concurrir a escuelas de conducción.
En otras ciudades norteamericanas, la gente está habituada a las grandes persecuciones y los accidentes con automóviles que explotan o que salen volando.

En la Argentina, en cambio, tenemos nuestro propio estilo de conducción: como en París, Roma y las ciudades norteamericanas, pero con nuestro toque personal, mucho más y mucho peor.

Tengo un listado de alrededor de 20 tipos de infracciones que se cometen a diario y permanentemente.

Sería demasiado extenso para un solo post, por lo que lo voy a subir en capítulos.

El listado de contravenciones es hasta hoy:

Cruzar con luz roja.
Detenerse en la senda peatonal.
No darle prioridad al peatón.
No darle prioridad a quien viene por la derecha.
Atropellar en una confluencia de carriles.
No respetar la velocidad máxima ni mínima.
Giros sin luz.
Cambio de carril en curvas.
No respetar la distancia de frenado.
El uso de dos carriles simultáneamente.
No encender las luces en las autopistas.
Conducir en zigzag.
Tocar la bocina antes de que se ponga la luz verde.
No respetar la prioridad de los vehículos de emergencias.
Colarse en las emergencias.
No tener patente trasera o hacerla ilegible.
Llevar a los chicos sueltos.
Ir sin casco en vehículos que así lo exigen.
No usar el cinturón de seguridad.

En la medida que vaya recordando otras, las agregaré.

Hoy voy a hablar de los que creen que el peatón no merece recibir la menor atención.

Normalmente, en un encuentro entre un peatón y un automóvil, el más perjudicado es el que va caminando.

Salvo contadas excepciones, en que la velocidad del vehículo es muy alta, el peatón no puede hacerle nada al conductor y/o los pasajeros.

Pues entonces, ¿para qué respetar su prioridad de paso?

Si no hay semáforo, acelerando un poco el vehículo, se le puede ganar de mano y pasar primero, se lo puede intimidar y evitar que siga caminando para poder pasar antes, o puede llegar a asustarse, retroceder y dejarnos paso.

Podemos ganar así, hasta 5 segundos.

Si es en una calle o avenida y tenemos luz verde, cuando vamos a doblar, los peatones, bien pueden esperar a que nosotros pasemos, por lo tanto atropellemos con decisión, que total ellos no estarán tan apurados como nosotros.

Hemos ahorrado así hasta 5 segundos más, para poder detenernos en la esquina siguiente a esperar tranquilamente – o no – a que cambie el semáforo que seguramente estará en rojo.

Si cuando llegamos al encuentro con un peatón, nos percatamos de que éste no nos ve, lo dejaremos pasar, ya que no nos queda otro remedio, pero le lanzaremos una serie de insultos, para que esté atento la próxima vez; no sea cosa que tengamos que esquivarlo o asustarlo uno de estos días.

Si el peatón ha entrado en la ancianidad, y nos hace señas suplicantes con el bastón para que le cedamos el paso, lo haremos, haremos un gesto con nuestra cabeza, les sonreiremos, y por lo bajo diremos algo así: ¡dale vieja/o de m….., dejá de agradecer y mové el c… que quiero pasar!

Si es un discapacitado, haremos lo mismo que en el caso anterior, cambiando la frase: ¡dale, paralítico/mogólico – o lo que más se adecue a la discapacidad – dejá de agradecer… etc.

Las veces que como peatón me tocó sufrir uno de estos abusos, siempre me acordé de Harry El Sucio y su magnum 44. Un certero impacto en el motor, detendría al desconsiderado conductor y haría las veces de calmante para los nervios míos y los de él, ya que seguramente no querrá entrar en discusiones de ningún tipo conmigo.

Otro tipo de infracción que se comete contra el peatón, es la de detenerse en la senda peatonal.

No me refiero a los que por ir distraídos (no lo justifico) frenan tardíamente, ni a los que por ir rápido no alcanzan a detenerse antes (tampoco los justifico), sino a quienes por ganar hasta 2 metros se detienen sobre la senda peatonal.




El hecho de obligar a que la gente busque por dónde pasar, ya sea por detrás del vehículo o por delante, esquivando a los coches de la transversal, me lleva a imaginar la siguiente escena: Un grupo de personas, unas 20 trotando en fila de a dos, vestidos de negro o con ropa similar a la de fajina, un instructor por delante, todos con un “look” como el de un Terminator (T1), llegando a la senda peatona. El “instructor” deteniéndose ante el automóvil, y los demás, siguiendo con el paso, pero por encima del vehículo.

Los motociclistas en la Argentina, casi nunca – o casi ninguno – se detienen en otro lugar que no sea la senda peatonal. Imagen: un señor de unos dos metros de alto, parecido a Mike Tyson, llega ante la moto, planta la planta del pie en la moto, apenas detrás de la pierna del conductor y empuja con todas sus fuerzas, haciendo que ambos caigan. La moto sobre una de las piernas del motociclista y el señor pasando por arriba de ambos, como si fuera que está pisando una cucaracha.

Los que se detienen en las esquinas, justo delante de las rampas para discapacitados, a veces estacionándose y bajando para realizar alguna compra, siendo víctimas de la ira de una persona en silla de ruedas, que comienza a golpear al coche con algún elemento contundente, ante la mirada complaciente de 10 o 20 personas que lo comprenden y que van a defenderlo en caso de que el conductor crea que se ha excedido en su reclamo.

De ninguna manera justifico que las víctimas reaccionen descontroladamente.

Si queremos que nos respeten, deberemos respetar.

No voy a salir con la tontería de que predicando con el ejemplo, los violadores van a cambiar su actitud, pero por lo menos, vamos a seguir diferenciándonos de ellos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *