Las puertas de la vida

Martín es mi hijo menor. Hace muy poco cumplió 12 años. Escribió ésto:




Las puertas de la vida

Lo primeros días de mi vida fueron simples, había una puerta cerrada; nueve meses después, esa puerta se abrió y aparecieron nuevas puertas.
Pasé por ella y vi un mundo diferente, un mundo desconocido; miré a mi alrededor y vi a una persona que me pegó en la cola para que llorase; una mujer lloraba, me agarró y me dijo:
-¡Al fin, cuánto te estaba esperando!.
Los primeros meses no entendí lo que pasaba a mi alrededor, pero al año otra puerta se abrió, luego de unos meses más, más puertas simples se abrieron. Las más complejas todavía no se abrían, pero con el tiempo entendí más el mundo que me rodeaba. Pronto se abrió una de las puertas complejas: mi niñez.
En ella pasé los mejores momentos de mi vida; ahí se abrió la mayor parte de las puertas. Luego llegó mi adolescencia; en ella aprendí grandes cosas de la vida.
Muchas nuevas puertas se abrieron cuando era mayor: la del trabajo, la del cariño a mis hijos, etcétera.
Cada puerta que se abría parecía abrir muchas más.
Luego llegó la vejez y con ella aprendí que las puertas que abrí cuando era joven me llevaron a todo ésto; pero luego las puertas dejaron de abrirse. Ya no me quedaba mucho.
Pero luego de unos años, una puerta blanca se abrió; entré y ésa fue la última puerta de mi vida, pero todavía tengo tiempo como para contarles esta historia.
P.D.: Nunca supe cuántas puertas eran, o si eran infinitas, pero de algo estoy seguro: nadie puede abrir las puertas que tú abriste.

Martín Rivas Acosta




Sé que el estilo no es el mejor, que habría cosas para corregir… pero me gustó así.
Y estoy orgulloso.

6 pensamientos en “Las puertas de la vida

  1. Pingback: Gustavo Rivas - Sitio Personal de Gustavo Rivas - Avellaneda - Argentina » Confirmado: La televisión idiotiza

  2. para elconcurso dragon slado de ra slifer dragon de los cielos y obelisco el atormentador

  3. como para no estar orgulloso!!! precioso relato de Martín y quién se atreve a corregir algo espontáneo y bonito
    de un muchachito que tiene mucho adentro. Felicitaciones!! cariños

  4. Vamos Gustavo, dejá ese tic de escritor de fijarte en el estilo, el niño tiene décadas para perfeccionarlo, pero sí tiene lo que Salamanca non presta, sensibilidad, capacidad para observarse y observar, y gusto por comunicarse. Disfrutá de ese orgullo y ni se te ocurra “corregirle” cosas (como le pasa a veces a mi marido, que en el afán de mejorar el jardín, poda algo que no tiene que podar, riega algo que no tiene que regar y termina matando irremediablemente a alguna inocente plantita)
    Hace tiempo que me doy el gusto de escribir liberada de ese Super Yo disfrazado de crítico literario… ¡Bien Martín!

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