Probando videos con la Canon Power Shot SX60 hs

En la localidad de Merlo, en la provincia de San Luis, Argentina, se encuentra la reserva florofaunística de esa ciudad.

Cartel entrada Reseva Florofaunistica de Merlo

Es un lugar maravilloso para pasar el día contemplando la naturaleza, viendo como Isolina, su guardaparque le da de comer a un águila salveje que baja rauda a llevarse un trozo de carne puesta diariamente allí para ella y para disfrute de los visitantes, o tal vez a los zorros que al oir su voz se acercan, con los recaudos propios de un animal salvaje a recibir también su parte de comida.

La naturaleza está allí para ser disfrutada por los visitntes, con animales que si bien mantienen su distancia, no le temen tanto al hombre y permiten ser observados, fotografiados y filmados.

Los animales suelen tener su propio territorio, y los recorren siempre por los mismos caminos y las pausas las hacen en determinados lugares, que una vez localizados, permiten esperar a que aparezcan y posen allí para nosotros.

Luego de estar disfrutando y por supuesto fogografiando la fauna en una elevación junto a un arroyo que corría entre las rocas, pude observar un colibrí que hacia su recorrido por su territorio, usando siempre los mismos árboles para detenerse un momento.

En cuanto lo escuchaba cantar, sabía que se acercaba y que tendría la oportunidad de fotografiarlo.
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Edificios destruidos

En el afán por buscar fotos impactantes que reflejen el espíritu humano de destrucción, he recorrido muchos lugares por todo el planeta, encontrando dondequiera que fuese señales de esa tendencia a hacer trizas lo que otros han construido.

Fue en Europa del Este que hice estas fotos.

¿El lugar?

Ni lo recuerdo bien ni me interesa.

¿La fecha?

Otro dato que no viene al caso.

Simplemente su vista me sirve como ejemplo de lo que el hombre puede hacer.

Estos edificios a punto de desmoronarse me hicieron sentir insignificante, no sólo por estar a muy poca distancia de su colosal volumen, sino por la sensación de miedo constante de que comenzara a caer mientras los recorría.

Seguramente no quedan registros de quiénes habitaron en su interior; ni siquiera había rastros de animales o alimañas que hayan buscado refugio.

Es ahora, mientras estoy escribiendo esto, que me doy cuenta de que debí haber corrido un gran peligro al aventurarme entre los escombros, porque los animales saben o presienten el peligro inminente y se alejan; los hombres desoimos esos mensajes y cometemos locuras como la que yo cometí al recorrer edificios a punto de caer.

Les muestro y comento las fotos:

Tuve que acercarme para cerciorarme que lo que a la distancia parecía un rostro, no lo era.

Tal vez el alma de la última persona que pisó el edificio antes de su destrucción quedó atrapada en las ruinas y aún no se ha ido.

Sea lo que sea, insisto en que en ese pedazo de muro hay un rostro que grita.

Click en la foto la amplía.

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