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	<title>Gustavo Rivas &#187; Libros Gratis</title>
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		<title>¿Qué comemos?</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 20:17:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ADVERTENCIA: EL SIGUIENTE TEXTO PUEDE AFECTAR A LAS PERSONAS CON ESTÓMAGO DELICADO. &#8230;Encima de la tostada se coloca la margarina, en trozos que se extienden con facilidad en gruesas capas. Antes solía utilizarse mantequilla (N.del E.: manteca) para las tostadas, pero las advertencias referentes al colesterol y a los ataques cardíacos han hecho que en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>ADVERTENCIA:</em><br />
EL SIGUIENTE TEXTO PUEDE AFECTAR A LAS PERSONAS CON ESTÓMAGO DELICADO.</strong></p>
<blockquote><p>&#8230;Encima de la tostada se coloca la margarina, en trozos que se extienden con facilidad en gruesas capas. Antes solía utilizarse mantequilla (N.del E.: manteca) para las tostadas, pero las advertencias referentes al colesterol y a los ataques cardíacos han hecho que en muchos casos, como en el hogar que nos ocupa, se haya vetado la mantequilla (manteca). Sólo se emplea margarina ligera y fresca, que cuida la silueta, que no perjudica al corazón y es totalmente vegetal. O más bien habría que decir que los consumidores creen que es ligera, que cuida la silueta, que es más fresca, etc., sin pensar en su proceso de fabricación.<br />
La margarina se compone principalmente de grasa. Fue inventada después de las revueltas urbanas de 1848 para ganar un premio que había ofrecido Napoleón III, emperador de los franceses, a quien encontrase una fuente barata de materiales grasos para las clases menos privilegiadas, que no podían comprar mantequilla (manteca). Actualmente en la margarina se incluye grasa de soja, y también grasa de arenques. Alrededor del 20% del total consiste en grasa de oveja o incluso grasa de cerdo, la antigua y agradable manteca, que se mezclan y disuelven para obtener la margarina. Pero si la grasa de cerdo derretida huele mal, mezclada con grasa de arenque en ebullición y otras grasas resulta tan repelente, tan desagradable a imposible de vender (su superficie toma un color gris), que en primer lugar se debe verter dicha mezcla en grandes tinas desodorantes, para tratar de eliminar el olor.<br />
Lo que se extrae de las tinas desodorantes en ese primer paso todavía no forma la tentadora sustancia que se conoce como margarina comercial. Es gris, es pegajosa y es demasiado rechoncha. Las grasas que fueron hervidas temporalmente por separado en la tina desodorante no pueden mantenerse por separado durante mucho tiempo, y se coagulan de nuevo en grandes bloques desprovistos de atractivo. Estos bloques tienen que desaparecer.<br />
La sustancia gris resultante se vuelca en otra tina, donde previamente se han echado raspaduras de metal. Se cierra la tina y su contenido se rocía con hidrógeno en estado gaseoso. Allí se hierven y comprimen las grasas, que reaccionan con el níquel y el hidrógeno, y cuando acaba el proceso y se levanta la tapa del recipiente, los bloques han desaparecido.<br />
La grasa de oveja y de arenque y la manteca de cerdo no cuestan demasiado, pero si durante esta fase se diluyen con algo aún más barato y más fácil de conseguir en grandes cantidades, el costo de producción dela margarina se reducirá todavía más. Esta otra sustancia aguarda en otra tina de la fábrica, al lado de aquella en que tuvo lugar la eliminación de los bloques. Es leche, pero una leche especial.<br />
Las disposiciones oficiales de la mayoría de los países suelen clasificar la leche en dos tipos: de primera clase -nivel A-, fresca, analizada y adecuada para el consumo humano; y de segunda clase -nivel B-, que los consumidores no suelen encontrar normalmente, pero que se utiliza para fabricar leche condensada, pasteles industriales y alimentos lácteos infantiles, porque es un poco más vieja o tiene más bacterias de lo conveniente. La leche que está esperando para ser mezclada con la grasa en la fábrica de margarina es de segunda clase, o incluso peor, no es fresca y, en realidad, se está agriando. Aunque ya haya sido pasteurizada con anterioridad, los ingenieros de la fábrica tienen que someterla a un nuevo proceso de pasteurización para quitarle parte de las sustancias perjudiciales que se encuentran en su interior. A continuación, se cuela, se filtra y se vierte en el recipiente donde aguarda la grasa.<br />
Esta mezcla plantea un problema, ya que el aceite y el agua no se mezclan entre sí (recuérdese lo que pasa al aliñar una ensalada). La manteca de cerdo y la grasa de pescado son muy oleosas, mientras que la leche agria está formada por agua en un 88%. Para garantizar al acoplamiento, hay que introducir otras sustancias en la tina donde se mezclan ambos componentes, así que se añaden entonces emulgentes parecidos al jabón, que forman espuma alrededor de cada gota de agua de la leche agria, con lo cual se evita que se unan con el resto del agua lechosa que hay en la tina. A continuación se vierte gran cantidad de almidón dentro de la mezcla para impedir que el líquido recobre su estado anterior.<br />
Convertir en producto comestible esta mezcla grisácea de leche agria y grasas animales, jabonosa y llena de almidón, es un proceso realmente admirable. Primero, se agrega un poco de colorante que sirva para cubrir el repulsivo líquido gris. Los tintes amarillos normales no servirían para ello, ya que el grises tan oscuro que seguiría advirtiéndose, y por ello se emplean tintes muy potentes cuya base son los alquitranes de carbón refinados con azufre.<br />
A continuación, se introduce un fuerte aromatizante con objeto de que esta mezcla tenga un gusto diferente a lo que es en realidad: una mixtura de manteca de cerdo, otras grasas, y leche agria. Luego se añaden vitaminas, ya que todo este proceso ha convertido la sustancia en cuestión en algo casi sin valor desde el punto de vista nutritivo. Más tarde, el resultado de todos estos pasos se comprime, se enfría, se amontona, se corta en largos bloques, luego se corta en bloques más pequeños, y finalmente se coloca dentro de cubetas de plástico.<br />
A veces, al principio se mezcla a este conjunto un poco de aceite de girasol. No es que sea un componente muy necesario, y tampoco provoca la menor diferencia en el resultado del producto, pero sirve para que los diseñadores del envoltorio puedan disponer allí atractivos prados soleados y grandes espacios abiertos. La Academia de Ciencias francesa, patrocinadora inicial de la sustancia, también tuvo sus dudas al respecto. El premio a la primera margarina se concedió en 1869, pero once años más tarde dicha Academia decretó que no podía ser utilizada en los comedores oficiales, alegando que poseía un gusto demasiado repugnante&#8230;
</p></blockquote>
<p>Lo arriba expuesto puede ser verificado. Lo extraje del libro:</p>
<p><strong>Los secretos de una casa<br />
<em>El mundo oculto del hogar</em></p>
<p>David Bodanis<br />
</strong><br />
Biblioteca<br />
Científica<br />
Salvat</p>
<p>(c) 1994</p>
<p>Versión española de la obra The secret house publicada por Sidgwick &#038; Jackson Limited de Londres</p>
<p><strong>¡Buen provecho!</strong></p>
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		<title>¿Pichón de escritor?</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Sep 2009 00:05:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En noviembre de 2004 puse un post en el que hablaba de que a Martín (mi hijo menor) le había correspondido una mención en un concurso juvenil de poesía y narrativa organizado por la S.A.D.E. – Sociedad Argentina de Escritores. El 21 de agosto pasado, en el diario La Ciudad, de Avellaneda, en la columna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En noviembre de 2004 puse un <a href="http://www.gustavorivas.com.ar/2004/libros-gratis/una-mencion-para-martin/" target="blank">post</a> en el que hablaba de que a Martín (mi hijo menor) le había correspondido una mención en un concurso juvenil de poesía y narrativa organizado por la S.A.D.E. – Sociedad Argentina de Escritores.</p>
<p>El 21 de agosto pasado, en el diario La Ciudad, de Avellaneda, en la columna literaria, apareció una nota en la que se resaltaba a Martín por su estilo literario, era comparado a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonin_Artaud" target="blank">Artaud</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eug%C3%A8ne_Ionesco" target="blank">Ionescu</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Genet" target="blank">Genet</a>.</p>
<p>Lamentablemente este diario (periódico) no tiene online todas las notas publicadas en papel, por lo que no puedo poner un link a la nota. Estuve esperando a ver si la base de datos se cargaba con posterioridad para hacer un post completo, pero no voy a poder, solamente puedo poner la foto de la nota impresa.</p>
<p>Click en la foto para ampliarla.</p>
<p><a href="http://www.gustavorivas.com.ar/wp-content/uploads/2009/09/Martin-en-el-diario-la-ciudad-de-avellaneda.bmp"><img src="http://www.gustavorivas.com.ar/wp-content/uploads/2009/09/Martin-en-el-diario-la-ciudad-de-avellaneda.bmp" alt="Martin en el diario la ciudad de avellaneda" title="Martin en el diario la ciudad de avellaneda" class="aligncenter size-medium wp-image-1454" /></a></p>
<p>Si quieren leer lo que mi hijo escribe vayan a <a href="http://martinrivasacosta.blogspot.com" target="blank">su sitio personal</a>.</p>
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		<title>El fantasma</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jan 2009 23:26:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En el año 1974 cursaba el 4º año del bachillerato en el Colegio Nacional Nº7 Juan Martín de Pueyrredón, en la calle Chacabuco 922 en el barrio de San Telmo.</p>
<p>Era ya en ese entonces un asiduo lector; no necesitaba ningún estímulo para agarrar un libro y ponerme a leer.</p>
<p>Pero la profesora de literatura que tuve ese año (lamento profundamente no recordar su nombre en este momento), me -aunque pienso que nos- mostró que la diversidad de autores y géneros podía depararnos maravillosas sorpresas.</p>
<p>Fue ese año cuando descubrí a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cort%C3%A1zar" target="blank">Julio Cortázar</a>,con sus cuentos: la noche boca arriba, la isla a mediodía, y muchos otros que nos dejaron con la sensación de que lo increíble, lo maravilloso estaba ahí, al alcance de la mano en una biblioteca.</p>
<p>Descubrimos a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rub%C3%A9n_Dar%C3%ADo" target="blank">Rubén Darío</a> como poeta con Lo fatal.</p>
<p>Yo, que tenía el libro en casa pude seguir su consejo y leí Últimas tardes con Teresa, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Mars%C3%A9" target="blank">Juan Marsé</a>.</p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Horacio_Quiroga" target="blank">Horacio Quiroga</a> y sus cuentos de la selva y los cuentos de amor, de locura y de muerte nos espantaron aunque fuera de día.</p>
<p>Y recuerdo vívidamente cuando se leyó un cuento en clase, que mi memoria equivocadamente atribuyó durante muchísimos años a Quiroga, donde hablaba de un hombre que moría.</p>
<p>Hace apenas unos instantes me encontré con ese cuento.</p>
<p>Se titula El fantasma y es de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Anderson_Imbert" target="blank">Enrique Anderson Imbert</a>.</p>
<p>Lo recordaba. Sabía qué pasaba paso a paso.</p>
<p>De todas maneras volvió a pegarme un golpe en el pecho, o en donde sea que guarde mis ideas sobre la muerte y la posible vida posterior.</p>
<p>Es sencillamente maravilloso. Conciso, directo, despiadado, podría decisre.</p>
<p>Les recomiendo leerlo. Es breve.</p>
<blockquote><p><strong>EL FANTASMA</strong><br />
<strong><em>ENRIQUE ANDERSON IMBERT</em></strong></p>
<p>S<em>e dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arrastraba en la caída. Cadáver y silla quedaron tendidos sobre la alfombra, en medio de la habitación.<br />
¿Con que eso era la muerte?<br />
¡Qué desengaño! Había querido averiguar cómo era el tránsito al otro mundo ¡y resultaba que no había ningún otro mundo! La misma opacidad de los muros, la misma distancia entre mueble y mueble, el mismo repicar de la lluvia sobre el techo&#8230; Y sobre todo ¡qué inmutables, qué indiferentes a su muerte lo objetos que él siempre había creído amigos!: la lámpara encendida, el sombrero en la percha&#8230;Todo, todo estaba igual. Sólo la silla volteada y su propio cadáver, cara al cielo raso.<br />
Se inclinó y se miró en su cadáver como antes solía mirarse en el espejo. ¡Qué avejentado! ¡Y esas envolturas de carne gastada! &#8211; Si yo pudiera alzarle los párpados quizá la luz azul de mis ojos ennobleciera otra vez el cuerpo &#8211; pensó.<br />
Porque así, sin la mirada, esos mofletes y arrugas, las curvas velludas de la nariz y los dos dientes amarillos, mordiéndose el labio exangüe estaban revelándole su aborrecida condición de mamífero.<br />
-Ahora que sé que del otro lado no hay ángeles ni abismos me vuelvo a mi humilde morada.<br />
Y con buen humor se aproximó a su cadáver &#8211; jaula vacía &#8211; y fue a entrar para animarlo otra vez.<br />
¡Tan fácil que hubiera sido! Pero no pudo. No pudo porque en ese mismo instante se abrió la puerta y se entrometió su mujer, alarmada por el ruido de silla y cuerpo caídos.<br />
- ¡No entres! &#8211; gritó él, pero sin voz.<br />
Era tarde. La mujer se arrojó sobre su marido y al sentirlo exánime lloró y lloró.<br />
- ¡Cállate! ¡lo has echado todo a perder! &#8211; gritaba él, pero sin voz.<br />
¡Qué mala suerte! ¿Por qué no se le habría ocurrido encerrarse con llave durante la experiencia. Ahora, con testigo, ya no podía resucitar; estaba muerto, definitivamente muerto. ¡Qué mala suerte!<br />
Acechó a su mujer, casi desvanecida sobre su cadáver; y su propio cadáver, con la nariz como una proa entre las ondas de pelo de su mujer. Sus tres niñas irrumpieron a la carrera como si se disputaran un dulce, frenaron de golpe, poco a poco se acercaron y al rato todas lloraban, unas sobre otras. También él lloraba viéndose allí en el suelo, porque comprendió que estar muerto es como estar vivo, pero solo, muy solo.<br />
Salió de la habitación, triste.<br />
¿Adónde iría?<br />
Ya no tuvo esperanzas de una vida sobrenatural. No, no había ningún misterio.<br />
Y empezó a descender, escalón por escalón, con gran pesadumbre.<br />
Se paró en el rellano. Acababa de advertir que, muerto y todo, había seguido creyendo que se movía como si tuviera piernas y brazos. ¡Eligió como perspectiva la altura donde antes llevaba sus ojos físicos! Puro hábito. Quiso probar entonces las nuevas ventajas y se echó a volar por las curvas del aire. Lo único que no pudo hacer fue traspasar los cuerpos sólidos, tan opacos, las insobornables como siempre. Chocaba contra ellos. No es que le doliera; simplemente no podía atravesarlos. Puertas, ventanas, pasadizos, todos los canales que abre el hombre a su actividad, seguían imponiendo direcciones a sus revoloteos. Pudo colarse por el ojo de una cerradura, pero a duras penas. Él, muerto, no era una especie de virus filtrable para el que siempre hay pasos; sólo podía penetrar por las hendijas que los hombres descubren a simple vista. ¿Tendría ahora el tamaño de una pupila de ojo? Sin embargo, se sentía como cuando vivo, invisible, sí, pero no incorpóreo. No quiso volar más, y bajó a retomar sobre el suelo su estatura de hombre. Conservaba la memoria de su cuerpo ausente, de las posturas que antes había adoptado en cada caso, de las distancias precisas donde estarían su piel, su pelo, sus miembros. Evocaba así a su alrededor su propia figura; y se insertó donde antes había tenido las pupilas.<br />
Esa noche veló al lado de su cadáver, junto a su mujer. Se acercó también a sus amigos y oyó sus conversaciones. Lo vio todo. Hasta el último instante, cuando los terrones del camposanto sonaron lúgubres sobre el cajón y lo cubrieron.<br />
Él había sido toda su vida un hombre doméstico. De su oficina a su casa, de casa a su oficina. Y nada, fuera de su mujer y sus hijas. No tuvo, pues, tentaciones de viajar al estómago de la ballena o de recorrer el gran hormiguero. Prefirió hacer como que se sentaba en el viejo sillón y gozar de la paz de los suyos.<br />
Pronto se resignó a no poder comunicarles ningún signo de su presencia. Le bastaba con que su mujer alzara los ojos y mirase su retrato en lo alto de la pared.<br />
A veces se lamentó de no encontrarse en sus paseos con otro muerto siquiera para cambiar impresiones. Pero no se aburría. Acompañaba a su mujer a todas partes e iba al cine con las niñas.<br />
En el invierno su mujer cayó enferma, y él deseó que se muriera. Tenía la esperanza de que, al morir, el alma de ella vendría a hacerle compañía. Y se murió su mujer, pero su alma fue tan invisible para él como para las huérfanas.<br />
Quedó otra vez solo, más solo aún, puesto que ya no pudo ver a su mujer. Se consoló con el presentimiento de que el alma de ella estaba a su lado, contemplando también a las hijas comunes. ¿Se daría cuenta su mujer de que él estaba allí? Si&#8230; ¡claro!&#8230; qué duda había. ¡Era tan natural !<br />
Hasta que un día tuvo, por primera vez desde que estaba muerto, esa sensación de más allá, de misterio, que tantas veces lo había sobrecogido cuando vivo; ¿y si toda la casa estuviera poblada de sombras de lejanos parientes, de amigos olvidados, de fisgones, que divertían su eternidad espiando las huérfanas?<br />
Se estremeció de disgusto, como si hubiera metido la mano en una cueva de gusanos. ¡Almas, almas, centenares de almas extrañas deslizándose unas encimas de otras, ciegas entre sí pero con sus maliciosos ojos abiertos al aire que respiraban sus hijas!<br />
Nunca pudo recobrarse de esa sospecha, aunque con el tiempo consiguió despreocuparse: ¡qué iba a hacer! Su cuñada había recogido a las huérfanas. Allí se sintió otra vez en su hogar. Y pasaron los años. Y vio morir, solteras, una tras otra, a sus tres hijas. Se apagó así, para siempre, ese fuego de la carne que en otras familias más abundantes va extendiéndose como un incendio en el campo.<br />
Pero él sabía que en lo invisible de la muerte su familia seguía triunfando, que todos, por el gusto de adivinarse juntos, habitaban la misma casa, prendidos a su cuñada como náufragos al último leño.<br />
También murió su cuñada.<br />
Se acercó al ataúd donde la velaban, miró su rostro, que todavía se ofrecía como un espejo al misterio, y sollozó, solo, solo ¡qué solo! Ya no había nadie en el mundo de los vivos que los atrajera a todos con la fuerza del cariño. Ya no había posibilidades de citarse en un punto del universo. Ya no había esperanzas Allí, entre los cirios en llama, debían de estar las almas de su mujer y de sus hijas. Les dijo &#8220;¡Adiós!&#8221; sabiendo que no podían oírlo, salió al patio y voló noche arriba.</em></p></blockquote>
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		<title>El origen de la sicalipsis</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jun 2008 22:42:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace un tiempo que estoy suscripto al boletín de noticias de <strong>El Castellano</strong>, que se define como <strong>La página del idioma español</strong>.</p>
<p>Recibo periódicamente noticias referidas a nuestro idioma y un informe llamado <em>La palabra del día</em>, donde puede conocerse la etimología de palabras que -en la mayoría de los casos- usamos diariamente sin saber cuál es su origen.</p>
<p>Normalmente el informe es interesante, aunque a veces, puede resultar sumamente entretenido, por no decir divertido.</p>
<p>En el día de hoy recibí el boletín, que me arrancó una carcajada espontánea.</p>
<p>Fíjense si a ustedes también les causa gracia:</p>
<blockquote><p>LA PALABRA DEL DÍA</p>
<p><em>sicalipsis</em></p>
<p>Significa ‘picardía o malicia referente a temas sexuales’. Este vocablo fue formado arbitrariamente por yuxtaposición de las palabras griegas <em><strong>sykon</strong></em> (higo) y <em><strong>aleipsis</strong></em> (frotar, untar) con base en alguna idea que dejamos librada a la imaginación de cada lector.<br />
Decimos ‘arbitrariamente’ porque la palabra no nos llegó por cierto desde el griego sino que aparece registrada por primera vez en el anuncio de una obra pornográfica publicado en 1902 en el diario El Liberal, de Madrid. El uso más frecuente no es el sicalipsis sino más bien del adjetivo sicalíptico que, más allá de la definición académica reseñada al comienzo, significa ‘obsceno’ o ‘pornográfico’.
</p></blockquote>
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		<title>Un loco</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Aug 2007 22:38:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me mira desde la puerta. El terapeuta me pidió que escribiera algo. Me dio una hoja en blanco, sin márgenes ni renglones, con la finalidad (seguramente) de saber algo más de mí, especulando con que mi capacidad (o in) de mantener renglones más o menos equidistantes y horizontales pueda darle alguna pista. Imagino que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me mira desde la puerta.</p>
<p>El terapeuta me pidió que escribiera algo.</p>
<p>Me dio una hoja en blanco, sin márgenes ni renglones, con la finalidad (seguramente) de saber algo más de mí, especulando con que mi capacidad (o in) de mantener renglones más o menos equidistantes y horizontales pueda darle alguna pista.</p>
<p>Imagino que el tema de respetar o no los márgenes tendrá también, alguna finalidad.</p>
<p>Otro punto a considerar, será seguramente, la letra.</p>
<p>Palabras partidas o unidas, separaciones, inclinación, etc.</p>
<p>Texto tachado o corregido, debe tener también su patología oculta a los ojos de un lego.</p>
<p>¿Tendré que decirle que quizás el &#8220;experimento&#8221; no sirva cuando el sujeto de estudio está en conocimiento del grueso de detalles que él (el terapeuta) analizará?</p>
<p>¿Si escribo un texto en el que ponga de manifiesto que me encuentro preparado, &#8220;podrá ser usado en mi contra&#8221;?<br />
<span id="more-451"></span><br />
Quizás termine creyendo a priori que lo que busco es desacreditar su estudio, o lo que es peor, a él mismo.</p>
<p>Tal vez saque como conclusión que me parece ridículo que alguien crea que sabe cómo funciona el cerebro de una persona en lo referente a la siquis.</p>
<p>¿Acaso no hay 2 tendencias o escuelas que opinan diferente de los mismos temas?</p>
<p>Seguramente se sentiría engañado en su buena fe si se enterara que en el escritorio tracé con el lápiz dos líneas paralelas sujetando el lápiz y usando el pulgar para mantener la punta equidistante del borde  armarme dos renglones para escribir parejo,</p>
<p>También utilicé la misma hoja, tamaño oficio para crear un margen.</p>
<p>En el colmo de la audacia, tracé una larga línea paralela al margen para evitar que la hoja quedara algo inclinada, dándole el toque maestro, al marcar en el segundo renglón una sangría para los comienzos de párrafo.</p>
<p>¡Pobre mi terapeuta! ¡Tan cándido él!</p>
<p>Cree a pie juntillas lo que le han enseñado, sin siquiera plantearse que pudiera no ser cierto.</p>
<p>Justamente él, que tantos problemas arrastra sin poder solucionarlos cree que puede hacerlo con los demás.</p>
<p>Seguramente va todas las semanas a ver a un colega que se encuentra en su misma situación, sin darse cuenta que a estas alturas, se ha creado una dependencia que lo tiene totalmente atrapado.</p>
<p>Se come las uñas, se sienta cruzando las piernas, llegando incluso a poner el pie de la pierna levantada detrás de la pantorrilla de la pierna apoyada.</p>
<p>No se dio cuenta de que en la charla previa a este escrito, lo fui guiando para que preguntara lo que yo quería. Tenía ganas de divertirme jugando con él. Probablemente a último momento le cuente todo, porque me da un poquito de lástima.</p>
<p>Ni hablar del mal gusto que tiene. El mobiliario, si bien es exiguo, está compuesto por muebles que nada tienen que ver entre sí.</p>
<p>¡La ropa!</p>
<p>Se viste peor de lo que decora: zapatos de color marrón claro, medias azules, un pantalón gris viejo y arrugado, una camisa celeste deslucido y un sweter beige.</p>
<p>Todo ese atuendo, hace juego con la birome Parker bordeaux que se nota muy baqueteada. Seguramente la tiene consigo desde el colegio. Debió haber sido muy importante en su vida para no poder desprenderse de ella. Tendría que hacerle algún comentario, para que lo charle en su próxima sesión de terapia para ver si lo puede resolver.</p>
<p>Por todo lo que he expuesto, parece que me hubiera ensañado con él. Ahora que lo pienso, quizás sea un muerto de hambre que no tiene ni para vestirse, ni para muebles, ni para una lapicera decente.</p>
<p>¡Qué pena me da!</p>
<p>Tendría que ver si puedo ayudarlo en algo.</p>
<p>Trataré de ser discreto; no quisiera herir sus sentimientos.</p>
<p>Acabo de pedirle otra hoja, y me ha contestado que no tiene más. Evidentemente, está escatimándolas; claro índice de pobreza. Le voy a ofrecer decididamente mi ayuda.</p>
<p>Este es el último renglón. Lástima no tener más espacio para poder seguir analizándolo, porque</p>
<p><strong><em>Ahora estoy en mi habitación. Él acaba de abrir la puerta y se ha quedado allí, simplemente mirando.</em></strong></p>
<p><img src="http://farm2.static.flickr.com/1270/1033097074_035b0af1a6_o.jpg" alt="Uno de los dos es el loco" /></p>
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		<title>Dejar el trabajo (cuento verdadero)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Aug 2007 03:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando era joven no podía entender a los &#8220;viejos&#8221; que decían que no podían vivir sin trabajar. Y no me refiero a no poder subsistir por falta de ingresos o por tener una magra jubilación, sino a que el hecho de no trabajar les provocaba una aguda depresión. ¡Poder vivir sin trabajar! Ese era mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era joven no podía entender a los &#8220;viejos&#8221; que decían que no podían vivir sin trabajar.</p>
<p>Y no me refiero a no poder subsistir por falta de ingresos o por tener una magra jubilación, sino a que el hecho de no trabajar les provocaba una aguda depresión.</p>
<p>¡Poder vivir sin trabajar! Ese era mi sueño.</p>
<p>Ahora que estoy tocando los 50, creo que empiezo a entender a aquellos &#8220;viejos&#8221;.</p>
<p>Hace casi 20 años que estoy trabajando en el mismo lugar. En realidad, debería haber dicho en la misma empresa, porque me fueron cambiando de oficina a medida que iba creciendo como empleado.</p>
<p>Recuerdo que cuando empecé, atendía al público que venía a preguntar si ellos estaban en la lista. Me fijaba en un largo listado; y como casi siempre figuraban, les indicaba a qué oficina debían ir, porque al lado del nombre se indicaba el destino.</p>
<p>No recuerdo bien si fue a los 2 o a los 3 años,  que me pasaron a otro sector, en el interior del edificio, en un primer subsuelo, donde debía atender al público que alguien en la entrada había derivado a mi oficina; les tomaba los datos, generaba unas fichas muy completas y luego enviaba a la persona a otra oficina. Inmediatamente debía introducir las fichas en una ranura en la pared, que las aceptaba lentamente, hasta que desaparecían y se encendía una luz verde. Si bien había un tablero con luces de diferentes colores: amarillo, rojo, azul, blanco, anaranjado, nunca las vi encenderse.</p>
<p>Luego de unos 5 años, me dieron el pase a la oficina que se encargaba de preparar unas cajas contenedoras de 30x60x25 que tenían en su tapa una especie de sobre transparente. Las cajas eran de un color que no puedo definir. Según la luz que recibieran, podían verse grisáceas o de  un color amarronado. Tenían en una esquina una línea diagonal de más o menos un centímetro de ancho de color celeste. Una vez armadas, las colocaba en una cinta transportadora que las llevaba a través de la pared a otra área.</p>
<p>Si bien no era un trabajo muy &#8220;divertido&#8221;, no era mucha la cantidad de cajas que tenía que hacer. Hablando una vez con un empleado que vino a arreglar la cinta, me enteré de que yo no era el único que hacía esa tarea, que había otros que hacían cajas pero la línea de color era diferente en cada oficina. Lástima que no le pregunté cuántos más hacían el mismo trabajo que yo.<br />
<span id="more-447"></span><br />
Allí estuve aproximadamente 4 años. estaba un poco más lejos de la salida que en la anterior, y no tenía luz natural. Me alegré cuando me pasaron a otra área.</p>
<p>Recuerdo que me sorprendí mucho cuando me indicaron dónde quedaba mi nuevo puesto de trabajo. Nunca había pasado más allá de los baños en el pasillo en el que estaba. Un par de metros más lejos, había una abertura que nunca había visto que llevaba a un pasillo largo, con muchas puertas. La mía era la novena de la derecha.</p>
<p>Me explicaron que mi tarea era sencilla: debía tomar unas fichas a medida que fueran llegando y cargar los datos que tuvieran en una máquina que parecía una computadora de las que en las películas de ciencia ficción aparecían como &#8220;cerebros electrónicos&#8221;.</p>
<p>Tenía muchas luces que permanentemente se encendían y apagaban, y nunca pude descubrirles un orden determinado.</p>
<p>Las fichas aparecían lentamente de una ranura en la pared; las tomaba y cargaba los datos. A medida que volcaba la información, una serie de luces amarillas se iban encendiendo. Tomaba la ficha y la colocaba en otra ranura en la pared opuesta, la que la &#8220;absorbía&#8221; lentamente. Un minuto después, las luces amarillas iban poniéndose verdes y al llegar a la última, salía una tarjeta igual a la que había cargado, pero codificada. No se usaban los caracteres normales de nuestro idioma. Si bien no soy lingüista, puedo decir que eran letras muy diferentes a las que había visto jamás.</p>
<p>En alguna oportunidad, no todas las luces amarillas cambiaron a verde. Cada tanto, una de ellas seguía igual, y era entonces cuando la misma ficha que antes había cargado, volvía a aparecer por la ranura en la que la había dejado, y me veía obligado a cargarla nuevamente y devolverla por la ranura. Recién después de eso, pasado un minuto, la luz cambiaba a verde e imprimía la tarjeta codificada.</p>
<p>Sin perder tiempo, debía levantarme y colocar la tarjeta en una cinta sinfín con cajitas contenedoras que salía de mi oficina e iba hacia abajo. Recuerdo que alguna vez envié un mensaje de saludo a quienes estuvieran al final de la línea. Inmediatamente llegaba mi papel hecho un bollo. Luego del tercer intento, imaginé que quizás mis compañeros de abajo no quisieran entablar una relación epistolar conmigo.</p>
<p>Tres años más tarde, me asignaron a un área diferente.</p>
<p>Recuerdo que para llegar allí, debía seguir por mi pasillo, y luego de pasar la doceava puerta de la derecha, debía doblar hacia ese mismo lado y me encontraba en un pasillo corto, que doblaba nuevamente a la derecha por un par de metros y luego de tomar a la derecha nuevamente, quedaba frente a una escalera metálica, tipo caracol, que me llevaba directamente 3 pisos más arriba.</p>
<p>Era aburrido y cansador subir esas escaleras. Recuerdo que había tomado como hábito el tantear los pestillos de las puertas a medida que ascendía para ver si estaban abiertas. Nunca lo estuvieron.</p>
<p>En mi nuevo trabajo, debía tomar una tarjeta que salía de la pared que se encontraba a la izquierda; debía verificar que el casillero de la parte inferior estuviera pintado de color blanco, luego dirigirme a la pared enfrente a la puerta, y esperar que la cinta transportadora me trajera una caja como las que en alguna oportunidad había armado, solo que éstas tenían una tira de color rosa en lugar de celeste como las mías. Debía cotejar si los últimos símbolos (podían ser hasta 37) de la parte superior de la ficha coincidían con los de la tapa de la caja, y de ser así, colocar un símbolo hecho con un medio círculo y medio triángulo unidos en el área blanca. Luego, ponía la ficha en el sobre transparente de la caja con los datos hacia el frente y llevarla hacia la pared de la derecha y colocarla en otra cinta transportadora que la hacía desaparecer rumbo a otra oficina.</p>
<p>Si los datos no eran correctos, recuerdo que debía marcar la ficha en el área blanca con una cruz (no una X) y devolverla por la ranura. Inmediatamente, la cinta transportadora se detenía, cambiaba de dirección y debía colocar nuevamente la caja en ella para devolverla.</p>
<p>Nunca sucedió nada así.</p>
<p>Recuerdo que las cajas eran livianas. O mejor dicho, se habían vuelto más livianas con el paso de los meses. No lo había notado. hasta que un día, por girar demasiado bruscamente, perdí el equilibrio, y sin llegar a caerme, sacudí la caja. Algo había hecho un ruido sordo dentro.</p>
<p>Nunca me habían dicho que no podía mirar, pero como todo estaba tan pautado, ni siquiera se me había ocurrido.</p>
<p>La tentación es a veces más fuerte que la obligación. No pude resistirme y levanté un poco la tapa.</p>
<p>Lo que vi fue: un vestidito floreado prolijamente doblado, sobre él una bombachita de color rosa, un par de sandalias pequeñas y unos zoquetitos primorosamente arrollados.</p>
<p>No estuve mucho tiempo en ese puesto. La semana siguiente al tropezón, me ascendieron.</p>
<p>Desde entonces me encuentro en esta oficina, que tiene no muy lejos una ventana que da al pulmón de la manzana. Si bien todos los edificios son grises, altos, y con pocas ventanas, por lo menos puede entrar algo de claridad al mediodía.</p>
<p>Aquí debo recibir unas fichas a través de una ranura en la pared, debo verificar que qué color están marcadas (amarillo, negro o rojo) y de acuerdo a eso, debo archivarlas en unas cajas negras, amarillas o rojas, sin ningún orden en particular, y los jueves a las dos de la tarde, debo enviar las cajas por la cinta transportadora correspondiente.</p>
<p>Sé que en no mucho tiempo más, me corresponderá un ascenso.</p>
<p>La posibilidad es la de pasar al fondo, a la zona de pre-archivo o catalogación.</p>
<p>Lo sé porque en un par de oportunidades, por encontrarse fuera de servicio alguna cinta transportadora en algún lugar entre mi oficina y mi próximo destino, tuve que llevar personalmente las cajas.</p>
<p>Cuando salgo de mi oficina, debo tomar hacia la derecha, y seguir por una serie de pasillos hasta la zona de pre-archivo. El pasillo largo, lleva a un área restringida todavía para mí. Desde lejos puedo ver el cartel de prohibido el paso (ése, el círculo rojo con la línea horizontal blanca en el centro); es por eso que debo doblar a la izquierda en el primer pasillo y seguir.</p>
<p>Cuando nadie me veía, usé el &#8220;viejo truco&#8221; de la cámara escondida y filmé cómo es el recorrido; pero no me animé a meterme en la zona de catalogación, porque las dos o tres veces que fui, lo hice con un empleado de esa área, que me dijo que no iba a encontrar la salida fácilmente. Y era cierto. Y eso que no nos adentramos demasiado&#8230;</p>
<p>El día de la filmación, la luz de la primer oficina del área de pre-archivo estaba apagada, por lo que no se puede apreciar nada.</p>
<p>Aquí pongo lo que filmé. Todavía no sé bien por qué lo hice, pero ya que está hecho&#8230;</p>
<p><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/6AUTmgrPKAI"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/6AUTmgrPKAI" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object></p>
<p>Me da un poquito de miedo el ascenso. Mis compañeros se veían poco amigables. Tal vez debiera decir apáticos o cansinos, y para colmo, todos los que vi, que no eran más de 4, eran de semblante pálido, casi diría grisáceo, como si no les gustara mucho estar al aire libre.</p>
<p>El compañero que me llevó &#8211; lástima que no le pregunté el nombre -, me dijo que estaban contentos con lo que hacían; que hasta les gustaba hacer horas extra, que si bien no eran pagas, usaban esas horas para acumularlas para las vacaciones. Él, por ejemplo, hacía muchas horas, pero nunca se las tomaba. En un principio sí; pero luego, descubrió que le gustaba lo que hacía y que había decidido quedarse de más, porque no se lo prohibían.</p>
<p>Esperaba el ascenso (a la zona vedada, creo), porque le habían dicho que el trabajo allí era mucho más interesante todavía.</p>
<p>La perspectiva de pasar tantas horas en el trabajo no me entusiasma, si bien las ganas de vivir sin trabajar hace rato que se me fueron.</p>
<p>Parece que a medida que se va creciendo en la empresa, las tareas son cada vez más interesantes, haciendo incluso que se llegue a pedir vivir en el área de las habitaciones.</p>
<p>Porque hay un área destinada a vivienda para los empleados más antiguos que quieran evitar el gasto en viáticos y la demora para llegar al trabajo. Es gratis. Ni siquiera tienen problemas con las compras, porque hay un pequeño mercado para comprar lo que se pueda comer y ropa, que con el tiempo casi no se necesita, porque para trabajar en los archivos y las áreas más internas, se usa el uniforme que la empresa provee. Los precios, bajísimos. Pero es únicamente para los que viven en el complejo.</p>
<p>Muchas veces, en casa, antes de dormir, pienso en la posibilidad de que a mí también se me dé por pasar cada vez más horas en la oficina. No quisiera perder mi vida social, aunque desde hace ya bastante tiempo que se limita a salir algún día a caminar por ahí, sin rumbo, sin ver a los amigos, que de a poco fui dejando de visitar.</p>
<p>Otras veces llego a la conclusión de que en realidad, más bien ganaría vida social; estaría por lo menos con compañeros de oficina, con los que podría charlar e incluso salir alguna vez, qué sé yo, al cine o a algún otro lado.</p>
<p>Sé que me estoy volviendo un ermitaño. Pero lo que me duele, es que no me molesta.</p>
<p>Sin que nadie lo supiera, me grabé saliendo&#8230;</p>
<p><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/K-WxgUfLpRI"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/K-WxgUfLpRI" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object></p>
<p>Cada día me cuesta más dejar la oficina.</p>
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		<title>Matemáticas y diversión</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Nov 2006 23:45:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Creo que para la mayoría de nosotros, en la escuela (sobre todo en la secundaria), estudiar matemáticas no sólo era aburrido, sino además incomprensible. ¿Para qué cuernos quería yo saber de ecuaciones con una, dos o chiquicientas incógnitas? ¿Qué utilidad práctica podían tener en el futuro teoremas como el de Pitágoras, que había muerto hacía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que para la mayoría de nosotros, en la escuela (sobre todo en la secundaria), estudiar matemáticas no sólo era aburrido, sino además incomprensible.</p>
<p>¿Para qué cuernos quería yo saber de ecuaciones con una, dos o chiquicientas incógnitas?</p>
<p>¿Qué utilidad práctica podían tener en el futuro teoremas como el de Pitágoras, que había muerto hacía tanto tiempo?</p>
<p>Era una verdadera pérdida de tiempo. La mayoría de los profesores daban la materia tal como venía &#8220;envasada&#8221; en el libro de matemáticas. Fórmulas, teorías, demostraciones y soluciones sin ningún &#8220;agregado&#8221; que las convirtiera en útiles.</p>
<p>Años después, cuando estaba cursando el primer año en la facultad (quise estudiar medicina. Alguna vez hablaré sobre el tema), la solución de un problema de matemáticas, me ayudó años después.<br />
<span id="more-299"></span><br />
La pregunta era más o menos así: ¿Qué ángulo era el ideal para colgar un balde con un peso de X kg. para que podamos comprar una soga lo menos gruesa posible para ahorrar dinero?</p>
<p>La respuesta era (creo recordarla): 45º.</p>
<p>Hagan la prueba, cuando tengan que transportar un peso considerable, si lo deben traer entre dos personas, sepárense hasta que sus brazos tengan un ángulo de 45º con respecto a su cuerpo y&#8230; mágicamente, el peso que transportaban casi ni se siente.</p>
<p>Nunca había tenido profesores que me mostraran que las matemáticas podían ser útiles y divertidas. Ni siquiera tenía conocimiento de que hubiera profesores así.</p>
<p>Hace unos cuantos años, entre los periodistas deportivos de la TV, podía verse a uno, de bajo perfil, que durante un tiempo, a últimas horas de la noche veía hablar del básket de la NBA.</p>
<p>Nunca me había llamado la atención por nada en particular; si bien conocía su nombre, no tenía el estilo que a mí me gustaba a pesar de no que era de los que tiraban frases por el simple hecho de llenar un espacio lleno de silencio.</p>
<p>Un día, me enteré de que más que periodista, era matemático. Además era profesor en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su nombre: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adri%C3%A1n_Paenza" target="blank">Adrián Paenza</a></p>
<p>Por suerte, fue dejando de lado el periodismo deportivo para dedicarse a difundir lo que tanto sabía.</p>
<p>Con el programa televisivo <a href="http://www.cientificos.arnet.com.ar/" target="blank">Científicos Industria Argentina</a>, comenzó su carrera de divulgador de las ciencias e hizo conocer a muchos argentinos que se dedicaban no sólo a hacerlas conocer, sino que además investigaban para descubrir, inventar y aplicarlas en lo cotidiano.</p>
<p>Escribió el libro <a href="http://mate.dm.uba.ar/~cepaenza/libro/matemati4.pdf" target="blank">Matemática&#8230; Estás ahí? Sobre números, personajes, problemas y curiosidades</a>.</p>
<p>Luego apareció <a href="http://cms.dm.uba.ar/cep/mate_ep2.pdf" target="blank">Matemática&#8230; Estás ahí? Episodio 2</a>.</p>
<p>Tiene tantas ganas de hacer conocer al mundo lo maravilloso de las ciencias, que ambos libros están disponibles en la web para goce y entretenimiento de todos. No para que sean usados con fines comerciales.</p>
<p>Mis hijos, eternamente agradecidos. Al momento de escribir este post, habían devorado el primero y estaban por &#8220;atacar&#8221; al segundo.</p>
<p>Yo también agradezco no sólo los libros, sino el programa que una vez por semana nos &#8220;cuenta&#8221; cosas de la ciencia a la que no se le da mucha prensa en los medios. Además de hacer conocer a quienes trabajan con ella.</p>
<p>Entre otras cosas, pude enterarme que frente al Planetario de la Ciudad de Buenos Aires estuve charlando con el Licenciado Mariano Ribas, Coordinador del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Bs. As (desde 2000) en una muestra de ciencias organizada por el Gobierno de la Ciudad. Parece que los divulgadores entusiastas se juntan entre ellos y se acercan a la gente.</p>
<p>Los libros no muerden&#8230; y algunos de los que los escriben tampoco. Es más, parece que son más accesibles que la mayoría de la gente a la que nos acercamos para preguntarles&#8230; no sé, por una calle&#8230;</p>
<p>Para saber algo más de Adrián Paenza, estas notas:</p>
<p>Contexto educativo {  }<br />
<a href="http://www.tematika.com/detalle/entrevistas.jsp?idArticulo=413418" target="blank">Temática</a><br />
<a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-69769-2006-07-12.html" target="blank">Página 12</a><br />
<a href="http://www.educared.org.ar/entrepadres/seccion03/04/index.asp?id=283" target="blank">Educared</a></p>
<p>¡Gracias Adrián!&#8230; me hubiera gustado tenerte de profe&#8230;</p>
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		<title>Me dolió, porque es la realidad&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Nov 2006 00:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Contra la guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Libro de quejas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros Gratis]]></category>

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		<description><![CDATA[Los Nadie Eduardo Galeano Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los Nadie</strong><br />
<em><strong>Eduardo Galeano</strong></em></p>
<blockquote><p><strong><em>Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.</p>
<p>Los nadies: los hijos de nadie, lo dueños de nada.</p>
<p>Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:</p>
<p>Que no son, aunque sean.</p>
<p>Que no hablan idiomas, sino dialectos.</p>
<p>Que no profesan religiones, sino supersticiones.</p>
<p>Que no hacen arte, sino artesanía.</p>
<p>Que no practican cultura, sino folklore.</p>
<p>Que no son seres humanos, sino recursos humanos.</p>
<p>Que no tienen cara, sino brazos.</p>
<p>Que no tienen nombre, sino número.</p>
<p>Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.</p>
<p>Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.</em></strong></p></blockquote>
<p>Gracias Hernán.</p>
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		<title>Libros: No se prestan, se alquilan</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Oct 2006 03:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros Gratis]]></category>

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		<description><![CDATA[En Europa parece que no está bien visto que las bibliotecas públicas presten libros. La noticia salida ayer en La voz de Galicia me ha dejado helado: Las bibliotecas españolas dedicadas al préstamo de libros, discos, vídeos, cedés y cualquier otro soporte físico o virtual que contenga obras protegidas por derechos de autor deberán pagar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Europa parece que no está bien visto que las bibliotecas públicas presten libros.</p>
<p>La noticia salida ayer en <a href="http://www.lavozdegalicia.es/se_cultura/noticia.jsp?CAT=106&#038;TEXTO=5229600" target="blank">La voz de Galicia</a> me ha dejado helado:</p>
<blockquote><p>Las bibliotecas españolas dedicadas al préstamo de libros, discos, vídeos, cedés y cualquier otro soporte físico o virtual que contenga obras protegidas por derechos de autor deberán pagar un canon en concepto de remuneración a los autores de las mismas aunque su actividad se realice sin ánimo de lucro.</p>
<p>Así lo ha declarado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que considera que España ha incumplido la legislación comunitaria en materia de protección intelectual al eximir a prácticamente todos los establecimientos dedicados al préstamo del abono de la correspondiente compensación a las entidades gestoras de derechos de autor&#8230;</p></blockquote>
<p>Se me ocurren varias explicaciones:</p>
<ul>
<li>1.- Que a los europeos (exceptuando a los españoles) les interesa un comino leer.</li>
<li>2.- Que todos los que concurren a bibliotecas públicas son adinerados.</li>
<li>3.- Que los autores de los libros &#8211; o quienes tengan los derechos -, viven con unos pocos centavos que podría dejarles el &#8220;alquiler&#8221; de sus obras.</li>
<li>4.- Que lo que van a cobrar por alquiler las bibliotecas será mucho, para que a los autores les quede algo.</li>
<li>5.- Que los autores europeos son unos miserables muertos de hambre, que no quieren que los más necesitados los lean.</li>
</ul>
<p>Los puntos 3, 4 y 5, no son tonterías. Fíjense lo que dice el Tribunal de Justicia de la Unión Europea:</p>
<blockquote><p>&#8230;El Tribunal de la UE abunda en que el canon es un instrumento fundamental para garantizar que los autores europeos puedan dedicarse plenamente a la creación intelectual, y declara que eximir del mismo «a casi todas o incluso a todas las categorías de establecimientos que efectúan tales préstamos» supondría privarles «de una remuneración que les permitiese amortizar sus inversiones», lo que, a la larga, acabaría repercutiendo «en la creación de nuevas obras»&#8230;</p></blockquote>
<p>Quizás podría agregar un sexto punto:</p>
<ul>
<li>6.- Debe ser enorme la cantidad de personas que diariamente retiran libros de las bibliotecas.</li>
</ul>
<p>Me parece una barbaridad (acto bárbaro &#8211; barbarie).</p>
<p>Siempre escuché que &#8220;los libros no muerden&#8221;; desde ahora, en toda Europa la frase será: &#8220;los libros no muerden pero los autores quieren darte una mordida&#8221;.</p>
<p>Me enteré a través de <a href="http://www.microsiervos.com/archivo/mundoreal/potenciando-la-lectura.html" target="blank">Microsiervos</a>.</p>
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		<title>Para leer y escuchar</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Aug 2006 19:36:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros Gratis]]></category>
		<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Encontré un sitio que se describe como &#8220;Antología de poesía hispanoamericana&#8221;, y tal como aclaran, &#8220;por definición toda antología es incompleta. Aquí procuramos ofrecer lo más representativo de la poesía hispanoamericana&#8221;. No sólo he encontrado poesía, hay alguno que otro texto escrito en prosa. Los puntos a favor son: Índices por nombre, por apellido, por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Encontré un sitio que se describe como <strong>&#8220;Antología de poesía hispanoamericana&#8221;</strong>, y tal como aclaran, <em>&#8220;por definición toda antología es incompleta. Aquí procuramos ofrecer lo más representativo de la poesía hispanoamericana&#8221;</em>.</p>
<p>No sólo he encontrado poesía, hay alguno que otro texto escrito en prosa.</p>
<p>Los puntos a favor son:</p>
<p>Índices por nombre, por apellido, por título del poema, por primeros versos, por país, por siglo, mujeres en la poesía, hombres en la poesía, los más vistos, los más recientes&#8230;</p>
<p>&#8230; y como broche especial, los poemas con voz, los más recientes con voz y la fonoteca por título.</p>
<p>Al momento de escribir este post, el sitio dice tener 11.732 poemas, 1.279 poetas y 1.399 poemas con voz.</p>
<p>El sitio es <a href="http://www.palabravirtual.com/">Palabra Virtual</a>.</p>
<p>Tiene grabaciones profesionales, a las que no hay que pedirle calidad de audio, porque son viejas, pero que no les quita valor.</p>
<p>Tiene, por ejemplo, a <strong>Alfonsina Storni</strong>, <strong>Mario Benedetti</strong>, <strong>Jorge Luis Borges</strong>, <strong>Rafael Alberti</strong> recitando algunos de sus poemas. Cada uno con su estilo.</p>
<p>Pude hallar a uno de los poemas que más me gustaron, de Antonio Machado, <a href="http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&#038;pid=11716">La tierra de Alvargonzález</a></p>
<p><em>&#8230;<br />
La codicia de los campos<br />
ve tras la muerte la herencia;<br />
no goza de lo que tiene<br />
por ansia de lo que espera.<br />
&#8230;</em></p>
<p>En la voz de Manuel Dicenta, con una duración de 41:09 minutos.</p>
<p>La navegación puede hacerse lenta, pero vale la pena visitar el sitio, que además ofrece muchas otras cosas interesantes, que vale la pena mirar.</p>
<p>Un sitio altamente recomendable. Imposible salir decepcionado.</p>
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